En Ladrilleros, un cine club infantil se sostiene a base de tapas plásticas

A unos 15 minutos a pie en la vía que conduce a Ladrilleros, desde el muelle de Juanchito y en medio de la selva, está ubicado el taller de transformación de residuos sólidos de la organización Plástico Precioso Uramba. Ahí un grupo de voluntarios amantes de la naturaleza adelanta actividades relacionadas con la educación ambiental, recolección de residuos sólidos; lo más importante, de la mano de la comunidad.

Con un modelo sencillo pero efectivo, un grupo de tres jóvenes, ha logrado incentivar el cuidado del medio ambiente en la comunidad de Ladrilleros en el Parque Nacional Natural Uramba Bahía Málaga. Le ha dado un valor simbólico a las tapas plásticas para generar conciencia de la importancia del manejo adecuado de los residuos sólidos.

“Decidimos desarrollar este proceso aquí en la playa de la comunidad de Ladrilleros por la emergencia ambiental que se está viviendo en este sector, ante la ausencia de un plan de manejo para la gestión de los residuos sólidos”, explica Sergio Pardo Rosa, un joven de 34, profesional en Ciencias Navales que se enamoró del Pacífico colombiano en sus viajes en barco hacia Malpelo por el Océano Pacífico.

Lo primero que ha hecho este grupo de voluntarios es la educación. Enseñarle a la comunidad, especialmente a los niños, la importancia de reciclar, del cuidado del medio ambiente, especialmente en esta zona que es un área protegida por su diversidad y riqueza natural. Y es que Ladrilleros y en general todo el parque natural está lleno de contraste; un lugar protegido, con unos manglares únicos, una sala cuna oceánica para muchas especies, entre ellas las ballenas jorobadas, que tiene tantas problemáticas medio ambientales.

Este grupo de voluntarios ha logrado convertir las necesidades en oportunidades y de la mano de la comunidad y los consejos comunitarios, han encontrado alternativas para el manejo de residuos sólidos para sacarle el mayor provecho a esta situación.

Además del trabajo con la comunidad, la labor se ha extendido al ecoturismo, creando una experiencia de viaje para que los viajeros vayan a Ladrilleros, conozcan el proceso y ayuden en la recolección, clasificación y limpieza de las tapas.

“En esta experiencia de viaje, las personas interesadas vienen, conocen nuestro proceso, hacemos una jornada de limpieza donde se capta el material y se clasifica (tipo de color y plástico) de una vez para no perder tiempo, lo limpiamos y al final de viaje lo que hacemos es reducir ese material con las máquinas y lo transformarlo para que se lleve lo que recogió en nuevas piezas recicladas”, comenta Sergio Pardo. El año pasado se capacitaron 81 personas, que visitaron la comunidad y ayudaron en la recolección del material para transformarlo.

El dato
Plástico Precioso Uramba es una réplica a una comunidad abierta de reciclaje a baja escala de nombre Precioso Plástico, donde se ejecuta un taller para reciclaje mecánico por medio de la recolección de algunos tipos de plástico como el polietileno y polipropileno para reducirlos por un proceso de triturado, luego reciclarlos por temperatura al calor y hacer nuevos objetos decorativos que luego se venden para captar recursos para el sostenimiento de la organización.

Sueño Pacífico
De la recolección de los residuos han nacido otros procesos muy favorables para la comunidad. Uno, la biblioteca Sueño Pacífico; dos, el mercado del Plástico, ambos enfocados en beneficiar a la comunidad.

“Por el trabajo de muchos amigos salió la idea de una biblioteca pública para crear esa conciencia ambiental, es un espacio para que los niños comprendan la importancia de cuidar todo lo que los rodea, de ahí salió Sueño Pacífico”, comenta Sergio. En este lugar, con más de 1.000 libros los niños reciben asesorías para sus tareas y se fomenta la lectura entre ellos.

Precisamente para crear la conciencia del cuidado del medio ambiente y el valor que pueden tener los residuos sólidos, nació el cine club. Todos los miércoles a las 6:00 p.m. un grupo de niños y adultos de la comunidad de Ladrilleros, tienen una cita en Sueño Pacífico, una casa hecha de madera en la calle principal del pueblo, en la que funciona la biblioteca. Pero cuánto cuesta la entrada al cine, a cómo son las palomitas de maíz. Las tapas plásticas son el “dinero” para acceder de manera voluntaria a estos espacios.

“Es muy motivante escuchar a un niño de diez años decirle a la mamá que la invita a la limonada y las crispetas mientras ven la película con las tapas que recolectó durante la semana. Ellos ya entienden la importancia del cuidar todo lo que nos rodea, y le dan un valor a eso que antes tiraban al piso o quemaban, hoy ya les representa algo a ellos”, dijo Sebastián García, músico y voluntario de Plástico Precioso Uramba

María Yaneth Martínez Mosquera – Habitante de Ladrilleros

“Estoy muy feliz con la biblioteca porque los niños aprenden mucho, les enseñan cosas nuevas, pueden hacer otros procesos de aprendizaje, les explican cómo hacer tareas. El cine es muy bueno, los niños son felices”.

José Manuel Guaitoto Victoria – 11 años

“Me gusta venir a la biblioteca para no aburrirme, para distraerme un rato, se me quita el estrés. Me gusta mucho ver las películas, me río mucho”.


Ana Yency  Mosquera – 10 años

“Me gusta leer, hay muchos libros para aprender y leer. También me gusta pintar porque voy a ser artista”.

Trueque ecológico
Para incentivar a los adultos, se inventaron el mercado o trueque ecológico. A través de donaciones que se dan a conocer en las redes sociales, se reúnen diferentes elementos que luego son ofrecidos a la comunidad; por ejemplo, en temporada escolar útiles, zapatos, uniformes escolares, y luego le ponen precio simbólico para motivar a la comunidad a recoger las tapas plásticas.

“Como los voluntarios somos los vendedores, es todo un ejercicio económico, dándole valor al plástico como material aprovechable. Es muy interesante porque hay oferta y demanda; hay cosas más lindas que otras, la comunidad va temprano y les pedimos más tapas, al final ya estamos cansados y entonces hacemos combos. Lo que nos queda lo regalamos”, asegura Sergio.

Por: Francisco Javier Hernández Bolaños
Especialista en Educación, Cultura y Política 
Periodista

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