Yo me pido la loza….

El periodista Freddy León Cuéllar nos deleita con una simpática crónica nacida al calor de la cuarentena que vivimos por culpa del COVID-19... Aquí nos habla del arte de lavar la loza.

 

Foto Piqsels

Por Freddy León Cuéllar
Especial para CBN

“Yo me pido lavar la loza” … Es mi frecuente intervención cuando participamos en almuerzos de familia o con amigos y empieza la distribución de funciones. Esto debido a mis limitados conocimientos en gastronomía familiar. Escojo ese paso final, de dejar todo en orden en la cocina y el comedor, tras degustar unos ricos platos.

Me ufano de ser un gran gourmet, me encanta la comida típica colombiana, de diferentes países, tengo el gran legado de la sazón de mi madre Mamá Emma, que preparaba platos sabrosos, más no el legado de saber cocinar y por tanto, poco he participado de asuntos de la cocina.

A decir la verdad, lavar la loza, es un paso final de un almuerzo, cena o asado, al cual muchos le huyen. Grasa, residuos, lavar toda esa montaña de platos, cubiertos, ollas, ¡¡¡pailas!!! Ayayayyyy

Entonces yo ejerzo mi derecho a la libertad y me pido el delantal para lavar la loza, les quito la preocupación a quienes prefieren hacer su digestión tomando café, una cerveza, un té o algo más fuerte y a quienes prefieren cocinar, enmugrar trastos, pero no terminar el proceso, lavar y organizar la cocina.

En estos días de cuarentena, he cumplido ese rol, de la mejor manera, por cuanto en mi hogar, con tres personas, si acaso preparo arroz, con rico pegado eso sí; una ensalada, unos pericos, café en leche o chocolate y listo. También y siguiendo costumbres de familia, aprendí a preparar un sabroso ají picante. Pique bastante cebolla larga, tomate, cilantro, agréguele limón, sal y la cantidad de ají depende de su paladar: Fuerte como les gusta a mis hermanos, en especial Adolfo y Yaneth o a mi yerno Anthony. A mí también me gusta y esto me recuerda que nuestro padre, el León Mayor, como le decíamos, devoraba empanadas, papas cocinadas, un buen sancocho con ají picante, de ese que te pone a llorar tan pronto lo pruebas.

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Y mientras lavo la loza, reflexiono y me digo como gran filósofo del hogar: qué bendición la existencia de los jabones especializados para lavar en la cocina, los quita grasas, en líquido o sólido, que, con abundante agua, permiten que los implementos de cocina vuelvan a quedar radiantes, listos para el próximo banquete bajo un motivo social o para el cotidiano almuerzo. También me digo: hola, en mis viajes a Europa y Estados Unidos he visto el uso de una máquina lavavajillas, que exonera de esta tarea… pero bueno, estoy en mi Cali, en mi cotidianidad, con mi presupuesto y bajo las condiciones presentes. Y recuerdo a los maestros espirituales que dicen: hay que vivir el presente, deje el pasado para que no se deprima por lo que hizo o no hizo. Y no piense en el futuro que no ha llegado y le puede causar ansiedad.

Recuerdo mi niñez cuando mi abuela materna Tránsito cocinaba con leña. La ceniza la utilizaba para lavar los trastos, como le llamaba a todo lo que le permitía hacer sus ricos sancochos, fríjoles, “arroz atollao”, sudados, tamales, carne frita, viudo de pescado y otras delicias de la cocina del Tolima Grande, aprendida en su legado familiar.

Después de la ceniza la abuela utilizaba un jabón de contextura muy similar a la ceniza, compacto, y se extraía con una cuchara. Recuerdo una marca, Jabón Sol. Al tiempo que veía cocinar a la abuela Tránsito y a mi mamá María Emma, yo les ayudaba en los quehaceres, a pelar los plátanos, la yuca, la papa y al final del ejercicio: Freddy, por favor, a lavar la loza.

Recuerdo el uso de la ceniza en las estufas u hornillas de leña en la finca en La Cumbre. Acompañaba a mis tías Teodolinda y Amalia, a preparar los alimentos y luego ayudaba a lavar la loza. Agua bien fría y natural en la casa de la finca, al tiempo que conversábamos. En ese tiempo no había energía eléctrica y una vela nos acompañaba en la jornada de organizar la cocina campesina, apagar las brasas, sacar las cenizas, dejar la leña en un lugar donde el rocío o la lluvia de la noche no la mojara. Por ahí derecho, verificaba que los curíes tuvieran pasto, su principal alimento. Los cuyes o curíes eran legado de nuestros ancestros nariñenses y se criaban al lado de la hornilla para que tuvieran calor en la fría casa.

Esto de la loza me devuelve a mis etapas de muchacho, cuando en la casa, mama Emma nos tenía tareas de aseo, a mi hermano Adolfo y a mí, cuando terminábamos las actividades de la escuela. Nos turnábamos, una semana uno hacía el aseo de la casa y el otro lavaba la loza, al desayuno, al almuerzo y a la comida. Y cuidado con no hacer estos oficios porque el castigo era con fuete o correa, sistema de corrección que lo tiene la historia, principalmente en los años 60 y 70. Sistema hoy en desuso porque puede afectar el libre desarrollo de la personalidad y quien lo practique, puede ser procesado por violar el estatuto del menor y otras disposiciones legales de ICBF. Cambian los tiempos, desde el “doctor correa” como le decía mi madre, a los tiempos de hoy, con gran tolerancia y poca disciplina…

En estos días de cuarentena he hablado con muchos amigos a quiénes les pregunto cómo hacen los oficios, quién cocina, quién lava la loza y encuentro más de uno que le saca la mano a esta tarea.

Mi hipótesis es que quien más sabe cocinar los alimentos, menos lava loza y por eso me he puesto en la tarea de aprender a ver si al final de la cuarentena, ya en la asignación de funciones, lavar loza no sea mi primera opción.

Manual práctico para lavar la loza

Pero tranquilos señores, colaboren en la casa que esto de la pandemia pasa pronto. Por ahora me he puesto a hacer una especie de manual práctico para el lavado de loza en casa.

Primero: Acepte con resignación la tarea de lavar la loza, desde antes de iniciarse el banquete, almuerzo, cena, asado. Prepárese a ver muchos platos, vajilla nueva porque la abuelita ha escuchado que para qué guardar cosas. Igualmente verá que muchas familias han estrenado el extractor de jugo o el aparato procesador de alimentos o ayudante de cocina, que les dieron de regalo de matrimonio y tras varios años lo tenían guardado para una mejor ocasión. O también apareció una cafetera comprada hace varios años en promoción en El Éxito que nunca utilizaron porque no les sirve para hacer tisanas. ¡¡¡ En serio!!!  

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Segundo: Ya empoderado de esa función, calcule el número de comensales para que prevea en cuanto tiempo lavará la loza.

Tercero: Manténgase cerca de la cocina y empiece a lavar utensilios que vayan desocupando para que al final la tarea sea menor.

Cuarto: Si el número de personas en la mesa es de más de 4 personas, pida un ayudante para que el oficio sea menor y defínale las funciones precisas.

Quinto: Verifique si hay máquina lavadora o lavavajilla o si toca hacerlo manualmente. Si hay máquina, usted ganará tiempo precioso.

Sexto: Verifique que haya buen jabón, mesón amplio, buen chorro en la cocina.

Séptimo: No deje para más tarde esa tarea porque le dará pereza y se perderá el complemento de la reunión. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, refrán que cobra vigencia.

Octavo: Desocupe el espacio donde pondrá a escurrir la loza lavada.

Noveno: Recoja los residuos de alimentos, los cubiertos, vasos, platos y ollas, pailas, sartenes y establezca un orden para iniciar la faena. Verifique si hay máquina trituradora de desechos o de lo contrario, aliste una bolsa o “chuspa” para recogerlos.

Décimo: Aplique abundante agua y jabón a cada artículo. No le haga el feo a las ollas ni sartenes, además tendrá premio porque siempre quedan manjares, pegado y podrá repetir porción del alimento servido.

Décimo primero: Escurra y seque la loza.

Décimo segundo: Acomode la loza en los espacios definidos para ese fin.    

Décimo tercero: Siéntese a tomar un tinto, un vino, agua y participe de la tertulia con los familiares y amigos.

Décimo cuarto: Proyecte hacer un curso intensivo de cocina para que, en próximos eventos, que ojalá no sean nuevas pandemias, la lavada de la loza no sea una de las funciones a las cuales a usted le asignen.

Décimo quinto: Prepárese a escuchar los elogios a la calidad de la comida y ningún concepto sobre lo bien que fue lavada la losa y bien acomodada. Eso sí, por favor, no vaya a quebrar un plato o vaso porque allí sí lo mencionarán a usted, negativamente o será objeto de burla.

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A impulsar el uso de la máquina lavavajilla

Ya propósito de lavada de loza en estos días de cuarentena, he llamado a muchos amigos y amigas a saludarlos y también les he preguntado: Ve Juan Bautista, Ve Diana, ve Harold: ¿En tu casa tienen máquina lavavajilla? O usan máquina trituradora de desperdicios, como se ve en las películas gringas y europeas. Respuesta negativa. Todo el mundo hace el lavado manual de loza o vajilla.

Me cuentan que, en nuevos apartamentos de alto costo, ya incluyen en la cocina el espacio para la anhelada máquina lavavajillas y algunos incluyen este aparato en sus ofertas.

Me puse a ver las ofertas en Internet y sus precios son muy altos: máquina trituradora de desperdicios: $350.000 y hasta $500.000 y, ténganse duro: máquina lavavajillas, la más económica vale $1.400.000 y las hay de $2.500.000 y hasta $3.000.000.

Y me encontré en Google que, en la comunidad de Madrid, España, hicieron un estudio en 155 viviendas en donde se demuestra que en el lavado de platos a mano se gasta más agua y que, una vez instalados los lavavajillas, el consumo de agua en el fregadero de los hogares analizados se redujo a 54,2 litros diarios, que representan el 15,9% del total, siendo 24,6 litros diarios de agua caliente. Los resultados revelaron, que lavar los platos a máquina representó un ahorro del 9% del consumo total de las viviendas analizadas, lo que supuso, por término medio, gastar 30,6 litros menos al día (27,4 de agua caliente). Bueno, otro argumento para bajar costos, aunque hay que hacer la inversión inicial para comprar el dichoso aparato, que no es muy baja, como ya la citamos antes. Otro argumento para quienes queremos obviar la tarea de lavar loza a mano, pero por ahora, toca y lo hacemos con el mayor gusto.

Finalmente reflexiono: tema cotidiano y tan importante en el funcionamiento del hogar, se pone a prueba el equipo llamado familia donde todos debemos participar de los deberes y más en estos días de encierro por la pandemia del Coronavirus: Aquel hombre o mujer que nunca lavó loza, hoy sigue así o mete las manos a este oficio. ¿La familia que ha tenido una persona en los llamados oficios domésticos y que ahora no la tienen, están comprando todos sus alimentos a domicilio o se animaron a intentar cocinas y como en el famoso concurso Quien quiere ser millonario, acudieron a una llamada para que les enseñaran, o consultaron en internet o recordaron las fórmulas de la abuela o como “científicos”, hicieron sus propias pruebas?

Estas actividades básicas en el hogar, permiten afianzar los lazos familiares, participar en el equipo llamado familia, cumpliendo diferentes funciones, desde la producción de alimentos, hacer el aseo a la casa, organizar en general. Igualmente motiva a revisar los compromisos de cada uno de los integrantes, no solo la provisión económica de los padres, sino la presencia de ellos y de los hijos en cada actividad. Luis Enrique, un ingeniero amigo, socio de una empresa constructora de Cali, me dijo: uy estás en lo cierto… con mi esposa y mis hijos, optamos por hacer los oficios entre todos y reconocemos lo que hace doña Omaira, la señora que nos presta servicio doméstico y que no ha vuelto hace un mes por el necesario aislamiento.

Más allá de los deberes en la cocina, la familia redefine funciones y en los días de confinamiento, establece planes internos de trabajo y también horas de esparcimiento.

Como autocrítica, establezco en esta crónica, que he sido tolerante y he aprendido a manejar situaciones que no han sido de mi gusto, pero como integrante de una familia, lo propio es cambiar actitudes y participar para que la permanencia en la cuarentena sea llevadera.

Quiero terminar esta crónica, pensando en cómo será la cocina de un hotel de esos que atienden banquetes de 2.000 personas. Tendrán máquinas lavavajillas o muchas personas para esa labor. Uy, y en un batallón como el Pichincha en Cali o el Batallón Codazzi de Palmira, cuántos soldados tendrán esa función. ¿Cómo seleccionan a los soldados rancheros, quien lava la loza, el recluta que se porta mal?

Cierro con una invitación: ¿Quién de ustedes me acompaña, tan pronto pase la cuarentena, a visitar un hotel, casino de una empresa, casino de un hospital donde atienden personal administrativo, médico y pacientes, o el casino de un batallón, para mirar este proceso de lavado de loza, ausente en programas de tv de cocina, poco generador de titulares de primera plana, pero vital en el funcionamiento de una comunidad, sea grupo de familia, gran empresa donde la alimentación es vital dentro de su funcionamiento? Oficios que aprendo a valorar en este aislamiento que no me deja salir, pero me ha invitado a viajar hacia dentro de mí.

Ahí dejo este artículo. Permiso me voy a lavar la loza del almuerzo de hoy…

One Response to "Yo me pido la loza…."

  1. Sofía Sánchez Ayala   mayo 25, 2020 at 10:53 pm

    Hermoso, así es felicitaciones

    Responder

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