Yo pago, yo veo

Las lecciones que va dejando la industria del fútbol por televisión ahora que hay que pagar para ver los partidos en  pantalla.

Foto Pixabay

Por Giovani Casas
Especial para CBN

Iniciaron los partidos a “puerta cerrada” de la TV en canal dedicado de Win Sports. Es decir, fútbol exclusivo. Hasta el 31 de enero no lo era. Hasta ese día se transmitieron los últimos partidos por los servicios normales de cable. Después, el fútbol profesional colombiano se convirtió en lujo.

$29.900 es el costo del antojo. 50 partidos al mes a razón de 500 pesos por partido es más o menos la equivalencia en esta especie de Netflix monotemático. Ganan tres actores: el canal de televisión, los patrocinadores comerciales y la Dimayor (clubes incluidos).  

La fórmula no es inédita y no es la primera coincidencia de esos tres actores. En los anales del fútbol y el deporte en general, se recordará cómo su difusión televisiva fue rápidamente privatizada en los años 90 tras la caída del Muro de Berlín y el fin del comunismo. Los canales de deportes emergieron en disputas por la transmisión de eventos y certámenes deportivos, una vez el Estado perdió control sobre la producción televisiva.

Las lecciones

Aquí hay varias lecciones de neoliberalismo para todos (y cómo prevenirlas):

Lección número 1: el fútbol es un deporte sumiso a las fuerzas mercantiles. Un canal dedicado es una manera de esta industria de reestructurarse para maximizar sus oportunidades comerciales. Claro, debe pensarse el mejor colofón para justificar el hecho. Jaime Parada, presidente de Win Sports, argumenta la implementación de tecnología de primera mano, el master de producción más moderno de la región, transmisiones a 13 cámaras (antes eran 8) y 17 en finales. “La gente se va a sorprender con la calidad del producto”, afirma.

Lección número 2: la técnica no es igual al producto en sí. Más cámaras, tecnología de primera mano y el master más sofisticado no son fútbol. incluso, la calidad de los equipos de transmisión, en este caso, es inversamente proporcional a la calidad del rentado nacional. Es probable que una cosa lleve a la otra. Más recursos para los clubes implica la llegada de jugadores de primer nivel. Pero incluso los jugadores son mercancías que se valorizan o desvalorizan en función del grado de satisfacción que otorguen a los compradores del arte del fútbol.

Lección número 3: el fútbol es un espectáculo, un todo integrado por equipos, medios, patrocinadores, escenarios deportivos, hinchadas y otros actores más. Para la industria interesan solo las variables rentables del negocio. Las dinámicas asociadas a la convivencia en el fútbol y la seguridad en los estadios se resuelven con recursos públicos. ¿Algún porcentaje del recaudo con el canal se destinará a este aspecto, siendo el canal iniciativa de la Dimayor?

Y lección número 4: se privatizan los medios, se privatizan las experiencias. Yo pago, yo veo en la comodidad de mi poltrona. Esa es la filosofía. En Win y la Dimayor hacen cuentas. Hay dos posturas a asumir: la primera, declararse en resistencia y adherir al hashtag #lopagarasumadre, que es tendencia en twitter; y la segunda, para aquellos que nos resulta imposible mirar siquiera de reojo el fútbol colombiano (¡sí, el colombiano!) la tienda de la esquina es buena opción. Así, si pese a la nitidez de la imagen el espectáculo es malo, habrá pie para hacer pública nuestra insatisfacción, porque la discusión futbolera es el único espacio que no nos podrá arrebatar el neoliberalismo y su afán de privatizar la televisión.

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