Bailarina de salsa por un día

Una experiencia única vivida por la estudiante de Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Mariana Fernández, y compartida con los lectores de Cali Buenas Noticias.

Foto cortesía

Por Mariana Fernández
Estudiante de Comunicación PUJ-Cali

Especial para CBN

El domingo me levanté a eso de las diez de la mañana, como es costumbre para mí y luego de tomar un buen desayuno, como también es de costumbre, pensé en lo mal que me había sentido en esos días, pues mi papá había perdido la batalla contra el cáncer. 

Terminando semestre y con muchas cosas en la cabeza, era un domingo frío de esos que no dan ganas de pararse de la cama porque no hay ni una gota de sol pero creo que también era de la misma depresión que cargo día a día desde que no está mi papá. 

Llegó el maquillador a eso de la 1 de la tarde. El pobre no había ni almorzado, ni yo tampoco. Su nombre es Luis Fernando. No es sólo maquillador sino también bailarín de salsa. 

Al comienzo no tenía muchas ganas de maquillarme, pero bueno “todo sea por la nota”, dije yo. Al final, todo lo hago por el reportaje periodístico para las dos clases que tengo. Después tomé una mejor actitud y llegué a la conclusión de que me podía ayudar. 

Luis Fernando llegó super alegre ese día a mi casa. Sacó la caja de los maquillajes y la puso sobre la mesa y cuando la pude ver por dentro tenía de todo. Maquillajes pequeños, estuches de todos los tamaños, brochas, en fin… Yo me reí y le dije “te tomaste en serio lo de maquillarme para un show de salsa” y el me respondió “me tomo muy en serio mi trabajo”. 

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Continuamos charlando. El seguía de pie. De una bolsa negra que tenía entre todas las cosas que había traído, sacó dos vestuarios y un brasier rojo lleno de lentejuelas (a mí sí que me gustan las lentejuelas), y otro color piel, también lleno de piedras. 

En ese momento me empecé a sentir mejor, pues me di cuenta que Luis Fernando estaba emocionado por el tema y se lo tomaba en serio… Entonces yo decidí hacerlo también.  Me senté y empezamos a hablar de la vida mientras me maquillaba. Me contó que la salsa le había permitido viajar cinco veces a Europa y a otras partes del mundo, que hace parte de una academia y le gusta mucho dictar clases en la Javeriana, que es donde yo estudio.

​Empezó con diferentes técnicas sobre mis ojos, con una destreza única. Con diferentes colores fue dándole sentido a una `artista´, como si fuera para el Salsódromo de la feria, que en ese caso era yo.

“El show no es solamente lo que se ve cuando uno sale a bailar. También, existe el detrás de cámaras que es el que ayuda a que todo lo que hagas se vea mejor”. Eso me dijo él. Y sí, entendí que nunca se valoran los vestidos, los zapatos y la dedicación que se toman estas personas para mostrar lo mejor de sí mismos. 

Al ponerme fucsia en los ojos entendí que la salsa es alegría, es diversidad y es vida. Lograba imaginarme lo que deben sentir estas personas cuando se preparan porque yo me había sentido así en los shows que hacía en el colegio y eso causaba en mi una sensación de ansiedad. 

Terminamos con una extensión de cola de caballo rubia. Inicialmente pensé que eso no se vería bien porque yo no soy nada rubia, pero luego comprendí que eso se usa así y no importa. Luego me vestí.  Me sentía preciosa y todos los que estaban ahí lo sabían, sabían que a pesar de todo me sentía bien. 

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Luis Fernando me enseñó unas poses de salsa, me dijo que todo era con delicadeza y me ubiqué delante de un cuadro de colores que hay en la sala de mi casa. 

Luego de unas cuantas fotos, o bueno muchas, hicimos cambio de vestuario al vestido fucsia y yo me sentía emocionada. Resaltaba con mi color de piel.

Tenía ganas de salir a bailarme todo el Salsódromo de principio a fin. A pesar de que los zapatos prestados me tallaban un poquito, no me los quería quitar. Me sentía muy bien en ese momento. Los colores que tenía en mis ojos, el vestido que resaltaba en mí, los accesorios del pelo y, bueno, todo en general me hacía sentir muy bien. Me tomaron unas doscientas fotos y todos en la casa me decían como posar y lo que debía hacer, yo me sentía como una modelo. Luego, bailé salsa. 

Mientras toda mi familia me veía ahí parada, yo reflexionaba acerca de mi vida. De lo que representa que yo hoy esté aquí y que Dios lo haya querido así. No es fácil una situación como la que estoy viviendo pero pienso también que todo es de la forma en la que vea las cosas y ese día las veía bien. Y eso me hizo sentir feliz.

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