Con mucha salsa en el corazón

La estudiante de Univalle y la Javeriana Cali, Hellen Atehortúa Morales, recorrió el museo Jairo Varela. Esto le activó recuerdos y melodías que le ayudaron a contar una historia en torno a la salsa.

Foto Hellen Atehortúa Morales

Por Hellen Atehortúa Morales
Estudiante Univalle y Javeriana Cali
Especial para CBN

Son las 7:00 a.m. Me levanto con gran entusiasmo para alistarme y salir. Mientras tanto, decido escuchar algo de música. Desde que tengo uso de razón, he escuchado un ritmo que se vale, principalmente, de compases de 4/4 para endulzar la melodía; unas piezas musicales que parecen llevar algo de azúcar en sus notas.

La mañana pasa volando y Cronos no parece ser un gran aliado en esta empresa. En mi mente retumban palabras, sonidos y momentos relacionados con esas canciones que escucho; es extraño, aún no logro entender el porqué de estas asociaciones. 

Pasadas las horas, emprendo camino hacia el sitio escogido. A ciencia cierta, nunca me había decidido a visitarlo, a veces he creído que la procrastinación es una característica mía, pero al fin me encontraba a puertas de descubrirlo.

Mientras viajo en el automóvil, diferentes letras llegan a mi cabeza y parecen estacionarse ahí. Después de unos largos 20 minutos, había llegado a la Plazoleta, desde hace mucho tiempo no visitaba esta zona de la ciudad, siempre es lindo volver y sentirme un poco más caleña. 

Mientras subo las escaleras parece escabullirse muy en el fondo el fragmento de una canción: “a ti mi Buenaventura con amor te lo dedicamos…”. Por fin, estaba en el Museo Jairo Valera.

Me paro en la entrada y alcanzo a divisar todo el sitio. Se dibuja en el ambiente un espectro de colores y mucha, pero mucha música. Me recibe el guía del lugar con una agradable bienvenida, se ofrece a realizar el recorrido conmigo, pero me aviento a descubrir el museo sola (siempre he creído que es mejor averiguar las cosas de forma autónoma). 

Foto Hellen Atehortúa Morales

Mi primera gran impresión es una pieza artística que resulta ser el recibidor del sitio: una figura colorida que constituye el rostro del maestro Jairo Varela. Me dispongo a ver las descripciones de aquel mural y me doy cuenta de que aquel museo está abierto al público desde el 9 de diciembre de 2014 gracias a la colaboración de Cristina Varela, Umberto Valverde y la Secretaría de Cultura y Turismo de Santiago de Cali. Sigo mi recorrido y las sorpresas no paran.

Descubro las diferentes condecoraciones que el compositor y su agrupación, Grupo Niche, han ganado a lo largo de su trayectoria. Jairo Varela fue un músico, compositor y director del Grupo Niche. Esta agrupación logró hacer visible a Cali alrededor del mundo y llegar a constituirla como la Capital Mundial de la Salsa. En los diferentes estantes del museo, puedo descubrir mucha historia. En los alrededores del sitio están los instrumentos fabricados especialmente para Varela; un hermoso violín en acrílico, un baby bass, güiro y maracas. También, alguna de la indumentaria que utilizó en los conciertos y giras internacionales. Todo enmarcado en un escenario de musicalidad.

Mientras pasan los minutos, las canciones que ambientan el museo me transportan a diferentes épocas. Me remonté a un fragmento de mi niñez cuando escuchaba en mi hogar el son de Se pareció tanto a ti, o, a mi adolescencia cuando escucho La magia de tus besos. Pero, creo que lo que más logró rescatar son aquellas remembranzas en las Ferias de Cali con aquella canción que representa la caleñidad en su máxima expresión: Cali pachanguero. El lugar está un poco vacío el día de hoy, quizás, por ser lunes. No obstante, durante mi estadía han llegado diferentes personas, en especial, no locales. Bogotanos, argentinos, venezolanos y paraguayos, se dieron paso por aquel museo. Ver sus caras al descubrir y que les guste algo que nos es tan propio, es indescriptible.

Continuando mi recorrido, me topo con diferentes premios, fotos, maquetas, cuadros y muchos discos de la agrupación. Partituras y borradores inéditos de composiciones enmarcan el proceso creativo del extenso repertorio del Grupo Niche.

El lugar también está ornamentado con figuras representativas de la salsa. En el centro del museo, se encuentra una urna con el vestido, la peluca y uno de los premios de Celia Cruz, entregados como donación para el Museo. En el fondo, descansa un piano Yamaha CT 70 electroacústico, un regalo de la discoteca The International en Miami, instrumento que fue tocado por reconocidos salseros. Una curiosa bicicleta donada por Yuri Buenaventura y una trompeta de Mario Ortiz.

Terminando mi recorrido, el guía se acerca y entabla una fructífera conversación. Él me cuenta que el sitio ha sido un proyecto para promover la cultura de nuestra ciudad. Cada semana se ofrecen visitas guiadas por la ciudad que finalizan en el Museo Jairo Valera, tanto para extranjeros como locales. Le indago por aspectos puntuales del sitio y algo sobre la historia del Grupo Niche. Pero, algo logró robarme los pensamientos. Al preguntar por la frecuencia de visita del museo, me afirma que es visitado, en su mayoría, por extranjeros. Algo de incertidumbre y tristeza causa esto en mí ya que refleja la poca importancia que tenemos por lo nuestro. El guía muy amable responde todas mis preguntas y parece acabarse mi expedición en aquel lugar.

Foto Hellen Atehortúa Morales

Al salir, las canciones siguen retumbando en mi cabeza; las voces de los cantantes, el repicar de los tambores y el sonar de las trompetas. La percusión del Grupo Niche seguía conectándose con mis recuerdos y entrañando en lo más profundo de mi felicidad. Al llegar a casa, me puse a pensar en todo lo que había conocido, como siempre, mis largas cavilaciones me llevaron a sacar conclusiones. Quienes amamos algún género musical o, la música en general, sabemos que es sentir que la piel se eriza cuando empieza aquella canción que nos reinicia. Así mismo, la salsa logra estremecer mi alma: sus letras, el ritmo y la inspiración, todo lo que puede transmitir este género. Es algo que solo entendemos cuando se vive. Todo lo que aprendí y escuché en el museo me hizo recordar pequeños instantes de mi vida; instantes donde sentí mucha salsa en el corazón y, desde luego, júbilo en el alma.

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