¿Por qué el hombre no ha vuelto a la Luna?    

Después del Apolo 17 la Luna perdió interés para las grandes potencias que contaban con la tecnología para volver allí donde en 1969 se inauguró una nueva etapa para la humanidad.

Foto NASA

Por Marino Hernando Guarín Sepúlveda
Docente Pontificia Universidad Javeriana
Especial para CBN

Los últimos pasos de un ser humano en la superficie lunar fueron en diciembre de 1972, escenas que se convirtieron en los suspiros finales del programa Apolo. Desde entonces varios países han lanzado decenas de sondas lunares que aún siguen activas, pero ninguno ha enviado una misión tripulada. En los últimos años han surgido varias iniciativas que pretenden llevar de nuevo un ser humano a la Luna, solo que esta vez será para quedarse al menos por una larga temporada.

¿Por qué fuimos a la Luna?

El propósito del proyecto Apolo, desde su génesis en 1961 hasta su culminación en 1972, fue fortalecer el programa espacial de Estados Unidos para reavivar la moral de los norteamericanos y su confianza en el sistema de gobierno. En otras palabras, E.U. quería demostrar que el capitalismo era mejor que el comunismo profesado por los soviéticos. Aunque los soviéticos fueron pioneros en las hazañas espaciales, el alunizaje por parte de los norteamericanos fue el golpe que sentenció el resultado de la carrera espacial.

Sala de control del programa Apolo en Houston, Texas / Foto NASA

La NASA canceló el programa Apolo en 1972. Después de seis misiones exitosas en menos de cuatro años (del Apolo 11 en julio de 1969 al Apolo 17 en diciembre 1972) con las que consiguieron llevar doce hombres a la superficie lunar y regresarlos sanos y salvos como lo había prometido el presidente Kennedy en 1961, el programa se convirtió en algo rutinario para el público. Para 1972, poner hombres en la Luna había perdido su valor político y propagandístico. En total, el programa Apolo costó más de 20 mil millones de dólares, que equivalen a alrededor de 120 mil millones de dólares hoy día. Parece una cifra astronómica, pero en realidad solo representa un 4% del presupuesto de la nación norteamericana en la década de 1960. Si el programa Apolo le parece costoso, escandalícese con el costo de un portaviones Nimitz: 11 mil millones de dólares. Estados Unidos tiene 10 de ellos, lo que significa que solo esta flotilla alcanza el costo del programa Apolo. En comparación, el presupuesto de Colombia para el 2019 es de 86 mil millones de dólares.

¿Por qué no se ha regresado a la Luna?

Desde los primeros años de la segundad mitad del siglo XX varios países empezaron a desarrollar su propia carrera espacial. En los años 60 y 70 Estados Unidos y la Unión Soviética llevaban la delantera, pero en estas décadas otros países se sumaron al selecto club espacial: China desde la década de los años 50, Japón a través de su Agencia Espacial Japonesa NASDA convertida hoy en la agencia JAXA, la Agencia India de Investigación Espacial, y la poderosa Agencia Espacial Europea que reúne a las potencias económicas de ese continente.

La suma de estos esfuerzos hizo posible que en el siglo XXI la exploración espacial se convirtiera en parte de la cotidianidad para los habitantes de todo el planeta. Varios países tienen la capacidad de alcanzar el espacio, centenares de sondas han visitado lejanos planetas, imponentes asteroides y exóticos cometas. A su vez, varias personas viven de manera permanente en el espacio en la Estación Espacial Internacional, sin contar la empresa privada que ha convertido el espacio en un modelo de negocio. En este marco general de prosperidad espacial es común que entre el público general surja la pregunta: ¿por qué el hombre no ha regresado a la Luna? Si hace 50 años 12 hombres la pisaron ¿por qué no lo hacen ahora que se dispone de tecnología más sofisticada?

La principal razón es económica: la empresa de llevar un hombre a la Luna presenta un indicador de retorno poco favorable. Actualmente el beneficio político, económico, social o científico de llevar un hombre a la Luna es muy bajo comparado con la complejidad del proyecto y sus excesivos costos. En otras palabras, una misión tripulada a la Luna es un proyecto poco rentable. Después de 1972, tanto E.U. y Rusia, como China, Japón, la India y la Agencia Espacial Europea han enviado misiones no tripuladas a la Luna que resultan más económicas. Israel fracasó en su intento en febrero de este año, y Corea del Sur que está empeñado en su propio programa lunar.

En realidad, las misiones no tripuladas pueden traer los mismos beneficios científicos a un costo mucho menor y ahorran una serie de problemas. Por ejemplo, no se pone en riesgo la vida de seres humanos en viajes de ida y regreso. Tampoco se les somete a trabajar en un ambiente hostil carente de atmósfera y campo magnético, que los expone a una lluvia permanente de pequeños meteoritos y partículas cósmicas que pueden resultar perjudiciales para la salud. Piense en que pisar la Luna supone periodos de 15 días de luz solar seguidos por 15 días de oscuridad para los astronautas, y una constante lucha con la fina capa de polvo lunar que se filtra en cualquier lugar, entre muchos otros puntos en contra.

Programas de exploración lunar con humanos

A pesar de los problemas y pormenores que supone una misión tripulada, varias agencias espaciales están destinando una parte importante de sus presupuestos para este propósito. Esta vez la idea es quedarse en el satélite natural por un tiempo prolongado para justificar la inversión. La intención es convertir la Luna es una base experimental habitada de manera permanente con múltiples objetivos: preparar astronautas para misiones de largo plazo a través del sistema solar, seguir estudiando el cuerpo humano y su comportamiento en condiciones extremas, y establecer plataformas para estudios astronómicos del cielo profundo, entre otras. De manera importante, estas colonias lunares pueden ser el primer paso para el diseño de programas espaciales tripulados a Marte en el largo plazo.

Buzz Aldrin cargando elementos para trabajar en la superficie de la Luna / Foto NASA

Actualmente las potencias europeas, China, Japón y la India tienen acceso directo al espacio, así como lo tienen empresas privadas como Space X, de Elon Musk. Paradójicamente, Estados Unidos lo perdió cuando canceló su proyecto de transbordadores espaciales en 2011. El Atlantis fue el último transbordador del gobierno estadounidense que estuvo en el espacio y volvió a la Tierra el 21 de julio de 2011. Desde entonces, los astronautas deben pedir un empujón a otros países si desean visitar la órbita baja de la Tierra. Los nuevos “inversionistas” del espacio planean a su manera colonias lunares y es muy probable que el regreso de un hombre o una mujer a suelo selene sea una realidad a corto o mediano plazo.

Sin embargo, estos programas de gran envergadura están siempre sujetos a los vientos políticos. Por ejemplo, el presidente norteamericano George Bush creó en el 2004 el programa Constelación que tenía como propósito enviar un hombre a la Luna antes del 2020. Posteriormente, este programa fue cancelado en el 2010 por el presidente Barack Obama, en favor de un programa que buscaba enviar una misión tripulada a Marte antes del 2030. Finalmente, en 2017 Donald Trump consideró que la prioridad de la NASA debería ser volver a la Luna para el 2024; esta vez, con una mujer a bordo. Por otra parte, Rusia tiene programado un alunizaje para sus cosmonautas en el 2029, mientras que la agencia JAXA del Japón y la Agencia Espacial Europea prometieron que llevarán hombres a la Luna en el 2030.

Del mismo modo, algunas empresas privadas que se perfilan como actores importantes en el negocio del espacio están buscando alternativas para llevar turistas fuera de nuestro planeta. Por el momento, solo para aquellas personas que tengan una billetera tan gorda como para permitírselo. Space X debe primero llevar personas a la Luna, antes de cumplir sus deseos de establecer colonias en el planeta rojo. La empresa firmó un contrato con el empresario japonés Yusaku Maezawa, quien en el 2023 se convertirá en el primer turista espacial que orbitará la la Luna. Otra empresa privada que ha manifestado interés por los viajes tripulados a la Luna es Blue Origin de Jeffrey Bezos, una empresa aeroespacial fundada hace casi 20 años que presentó en mayo de este año el módulo lunar no tripulado Blue Moon como parte de su proyecto de llevar humanos a la Luna en el 2024.  Su propósito es establecer una colonia en el Polo Sur del satélite, donde existen cantidades abundantes de agua en forma de hielo en profundos cráteres donde nunca han llegado los rayos del Sol.

Otras empresas no descartan el tema de la minería planetaria y se proponen extraer de la Luna o de asteroides minerales exóticos o agotados en nuestro planeta. También se ha planteado la posibilidad de capturar un asteroide o de ensamblar fábricas en otros paisajes diferentes, iniciativas que se tendrán que enfrentar a la legislación espacial promulgada por la Oficina de Asuntos del espacio Ultraterrestre de la ONU que prohíbe el uso del espacio y de la explotación de cuerpos extraterrestres con propósitos diferentes a los científicos.

A diferencia de la década de 1960, en nuestros días el espacio se ha abierto a muchos actores que pueden explotar sus beneficios de diferentes maneras. Es casi seguro que volveremos a la Luna como un primer paso del programa mucho más ambicioso de visitar Marte. Tampoco se descarta la posibilidad de que en este siglo nuestra civilización establezca por primera vez una colonia extraterrestre. En 1969 el Apolo 11 nos demostró que podemos visitar otros mundos, ahora podemos preguntarnos, ¿seremos capaces de establecer otras “Tierras”? Tal vez nosotros, los viejos, no vivamos lo suficiente para verlo. Pero puede que nuestros nietos sean los primeros en pasar unas vacaciones en Marte o en alguna de las lunas del sistema solar.

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