La Luna en Televisión 1.0

Historia de la la tecnología en televisión que permitió que los colombianos vieran hace 50 años la llegada del hombre a la Luna.

Foto archivo El Espectador

Por Jorge Manrique Grisales
Director de CBN

Habían pasado apenas 15 años desde cuando sonó el himno nacional y enseguida apareció la imagen pálida, en blanco y negro, del teniente general Gustavo Rojas Pinilla, inaugurando la televisión en Colombia. En 1969 el país estaba preparándose para el gran acontecimiento del siglo, pero aún había pocos televisores en el país.

Cuando se inició la era de la televisión un lluvioso domingo de mayo de 1954, sólo había 400 aparatos para una población de algo más de 12 millones de colombianos.

Conseguir uno de esos aparatos en esa época era algo complicado. Costaban entre $800 y $1.200. Como había que justificar la inversión con propaganda a través del nuevo medio, el régimen militar dispuso la importación de 15.000 televisores que se vendían a plazos en el Banco Popular y otros a través de almacenes como J. Glottman y Sears.

Marcas como Phillips, RCA, Emerson, Philco, Telefunken, Crosley y Westinhouse, entre otras, llenaron las vitrinas de los almacenes de electrodomésticos donde la gente se paraba a ver “la caja mágica”, pues muchos no podían tener uno en casa.

En los periódicos se anunciaron televisores de 17 y 23 pulgadas y características físicas distintas, con patas, sin patas con bocinas a un lado o a ambos … En fin había de varias marcas para todos los gustos y presupuestos.

Estos venerables aparatos cambiaron poco para el momento en que el Apolo 11 llegó a la Luna. Colombia ya tenía una población de 21.490.945 y desde 1968 se disparó la venta de televisores, la mayoría adquiridos a plazos, pues todos querían ver por la pantalla chica al primer papa que visitaba a Colombia en toda su historia, en agosto de ese año. Con la llegada del hombre a la Luna vino una segunda oleada de promociones y facilidades de pago para adquirir el codiciado electrodoméstico.

El televisor era el centro de la casa. No había un aparato más importante que ese. Por eso los espacios se rediseñaron para que estuviera en un lugar de privilegio en la sala. Entre más grande, era más importante la familia que lo poseía. No faltaron las carpetas tejidas en croché por las abuelas para adornar a este consentido que en las pocas horas que permanecía encendido concitaba la atención de todos.

Llegó a convertirse en un pequeño cine de cuadra y algunas familias cobraban una moneda por ver las películas de moda o los programas familiares como Concéntrese, Animalandia o el Club de la Televisión, conducidos por Julio E. Sánchez Vanegas, Fernando González Pacheco y Carlos Pinzón, respectivamente. Pero con la llegada del papa Pablo VI y la transmisión del viaje a la Luna, las casas se fueron llenando de televisores al punto que de acuerdo con el DANE, en 1973 ya había cerca de un millón de aparatos en los hogares colombianos.

El día que los astronautas pisaron la Luna, la romería fue gigante en las casas donde había televisión. Costaba trabajo distinguir la figura pálida de Neil Amstrong descendiendo por los nueve peldaños de la escalerilla del Módulo Lunar. “Ahí está… Ya bajó” decían algunos, mientras los demás enfilaban bien la pupilas hacia la pantalla para corroborar la gran noticia. Cuando la transmisión se interrumpía, aparecía el profesor José de Recasens explicando lo que estaba sucediendo, así él mismo no distinguiera, como la mayoría de colombianos, las figuras que flotaban en la superficie selenita.

Para que esas imágenes llegaran desde 384.400 kilómetros de distancia que hay entre la Tierra y la Luna, el entonces Instituto Nacional de Radio y Televisión (Inravisión) montó una estación repetidora en el Cerro de Jurisdicciones, a 3. 558 metros sobre el nivel del mar, en Norte de Santander, que recibió la señal internacional.

Una de las estaciones repetidoras instaladas por la compañía alemana Siemens para llevar la señal vía satélite del viaje a la Luna en 1969 (Foto El Espectador).

RTI Televisión encabezó el grupo de programadoras que se unieron para la transmisión vía satélite. Participaron además Punch y Caracol con la asesoría técnica de la Fuerza Aérea y la Universidad Nacional. Las transmisiones se iniciaron el 16 de julio de 1969 en los siguientes horarios:


La primera estación repetidora se había instalado en las faldas del Nevado del Ruiz en 1954 y posteriormente se instaló otra en el cerro El Boquerón, cerca de Medellín. En 1955 la televisión se amplió a Cali, Bucaramanga, Magangué, Santa Marta, Barranquilla y Cartagena. Para 1956 llegó hasta Ibagué, Popayán, Neiva, Pasto, Montería y Cúcuta.Técnicamente hubo que superar muchos obstáculos, los mismos que se tuvieron al momento de decidir el sistema de transmisión 15 años atrás. La geografía del país planteaba grandes retos y la señal de televisión debía brincar de cerro en cerro, para poder tener un cubrimiento que en 1969 sólo llegaba a la Colombia andina, mientras que los Llanos y la Amazonía seguían como en los tiempos de la colonia.

Así se anunciaron las transmisiones por la televisión nacional, del vuelo del Apolo 11, a cargo de RTI con la colaboración de Punch y Caracol .

Con esta infraestructura Colombia pudo ver la noticia del siglo que tuvo su expresión en televisores comprados a plazos e imágenes que a veces se volvían rayas horizontales y verticales para las que había algunos remedios caseros como subirse al techo a mover la antena de aluminio o el viejo truco de apagar y volver a prender al rato porque los tubos de vidrio, metidos entre las tripas del televisor, se habían recalentado. Otras veces era la señal del Cerro de Jurisdicciones que con un clima impredecible hacía que la pantalla se convirtiera en una lluvia de diminutos puntos que las mamás no dejaban que los niños vieran de cerca dizque porque se quedaban ciegos.

Esa fue la magia de la televisión 1.0 con la que vimos como el hombre llegó a la Luna.

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