El comedor de Yoana Arias: sazón y bienestar para los residentes del barrio El Calvario

Yoana le encontró el sabor a su oficio. Muchos disfrutan su sazón en el barrio El Calvario, en pleno centro de Cali. 

 

Foto Alcaldía de Cali

Por Nathalia Arboleda Rivadeneira
Alcaldía de Cali

Cuando se le pregunta por sus inicios, Yoana Arias cuenta que empezó como ayudante de cocina, lavando platos y ayudando a servir. Cuando el ranchero se enfermó, le pidieron apoyo preparando alimentos, ¡eso sí! con mucho temor de que la comida no le rindiera, pero conociendo el movimiento del comedor comunitario, se animó a sazonar, de eso ya hace tres años. “Pusieron varias personas, pero la gente no pegó con el guiso de las otras empleadas, entonces no iban a almorzar cuando yo no estaba”, narró.

“Sonríele a la vida”, exclama Yoana, cuando sale de su casa con el plato de la ensalada y un gran cucharón para revolver la sopa que se encuentra en su punto máximo. Hace el chequeo de su cocina: levanta la tapa para revisar el arroz, el pollo y la aguapanela. Ya casi es medio día, algunos van separando su espacio en la mesa comunitaria y a lo lejos se divisan personas con las ollas y vasijas.

Para esta mujer, que lleva viviendo más de 24 años en el barrio El Calvario, en pleno centro de Cali, la idea de “montar su propio negocio” la tiene muy contenta, no es la primera vez que lo intenta, pero eso de estar “partiendo a la mitad”, no es rentable. Reconoce que tuvo que pasar por un proceso de capacitación y, por cosas del destino, se ha estado formado con el objetivo de abrir su restaurante.

– ¿Con sopa o sin sopa?, ¿sin ensalada? –  Pregunta de forma continua, es la hora pico para Yoana, quien atiende y sirve los almuerzos en tiempo record, nunca deja de sonreír y como después de “la tormenta, llega la calma”, recoge y organiza el espacio; entre el apetito voraz de los comensales y los platos vacíos, dice: “nunca se me queda nada”.

Con la Empresa Municipal de Renovación Urbana – EMRU, ha realizado diversos talleres de estuco y pintura, manipulación de alimentos, economía solidaria y justamente en uno de esos espacios recibió la invitación para trabajar en el comedor comunitario, espacio que le dio las herramientas para emprender y materializar su negocio: “el restaurante me sirvió mucho y se le quita el miedo de atender la gente, porque le conocen la sazón a uno”, relató.

Se describe como una mujer luchadora. Funge como una lideresa activa del barrio y entre sus diversas ocupaciones, también trabaja con Samaritanos de la Calle, tramitando muchos favores a diario: acompaña a citas médicas, cuida pacientes en clínica y hospitales, pero siente que a través de la comida, también aporta al bienestar de su gente porque es una preparada con amor y de calidad.

Es así como se animó a sacar las grandes ollas que siempre lleva a los paseos familiares. Poco a poco ha ido surtiendo; El apoyo de su esposo, sus hijas y, especialmente de la comunidad, ha sido fundamental, porque son ellos quienes la convencieron de cocinar y le garantizaron no faltar. A la fecha, cerca de 35 personas, asisten, sin falta, al comedor de Yoana.

– ¿Qué se me ocurre? ¡Qué se me agrande el chuzo, que crezca el negocio! esa es la expectativa – precisó Yoana, entusiasmada. ¡Pensar otras formas de habitar el territorio si es posible! la Emru, en el marco del Plan de Gestión Social, seguirá trabajando en conjunto con las organizaciones y líderes del sector, con el fin de invitar y movilizar a la población para que además de conocer la variada oferta institucional, se animen a pensar en otras formas de vivir y de mejorar su bienestar.

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