Elena y la música que sana y transforma vidas

La música saldó el dolor del desarraigo y resignificó su existencia. La composición la sanó y le enseñó que a través de ella todo era posible. Incluso salvar vidas, la suya primero y después la de su familia, su comunidad. 

Foto Alcaldía de Cali

Desplazada por la violencia, Elena Hinestroza Venté, llegó a Cali en el año 2008, aterrizó forzosamente en la invasión Florida Playa Baja, en el oriente, un recodo marginal del Distrito de Aguablanca.

“Llegué allí porque tenía amigas, conocidas que ya habían salido antes de Timbiquí y estaban tratando de sobrevivir. Llegué con lo puesto, sin nada más que mis hijos, y los recuerdos de la vida que había dejado en mi pueblo. Mis cosas, mis gallinas, todo lo que hasta ese momento había conseguido”, rememora  con un sonrisa que, sin embargo, se antoja triste, apesadumbrada.

Un año, asegura, le duró el dolor, una suerte de somnolencia que ella describe, “era como vivir en una nebulosa”, adormilada por el shock que le significó cambiar todo su entorno. Un año en el que ni siquiera recordaba las letras de sus canciones. Pero todo cambió para ella cuando la directora de la agrupación Socavón de Timbiquí la llamó a pedirle permiso para grabar una de sus canciones.

“Y yo ni me acordaba de esa letra, no supe ni cómo responder, porque según es fuerte  el desarraigo uno cree que perdió todo. Pero ella me invitó al ensayo de esa agrupación y cuando iba llegando, una cuadra antes, escuché la música y ahí se activó mi memoria. Entendí que eso es lo que le faltaba a mi vida. Al llegar, agarré un guasá y empecé a tocar con esas ansias y con esas ganas de cantar”.

Y de ahí en adelante la luz volvió a la vida de Elena, la música la sanó y la composición fue el instrumento a través  del cual hizo la catarsis de todo su dolor y su tristeza. Ya son veinte años los que lleva en Cali, la capital del Pacífico, la ciudad que hoy en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer la reconoce como una mujer transformadora.

Ella y su folclor, su voz y su agrupación, Integración Pacífica, han transformado vidas. Arrebatando jóvenes a la violencia, cambiándoles el sonido de las balas por el golpe de una marimba, por el crepitar de un guasá o el tono grave de un cununo. Ahogando gritos de dolor y de tempranas ausencias por voces armoniosas que cantan a la paz, al amor, que homenajean la naturaleza y mantienen una tradición viva.

Componer para sanar

Y es que que Elena no puede hablar sin cantar, su voz suena musical, su amplia sonrisa semeja las blancas de un piano, y recuerda todo lo que lloró cuando escribió ‘Por qué me voy’ y canta… “porque me voy, porque me voy, adiós pues… como late el reloj acelerando el tiempo, latió mi corazón una mañana la cual me tocó abandonar mi tierra, la que nunca pensé que abandonara. Yo miraba nubes pasajeras, escuchaba las aves en las montañas, pero el temor, el miedo me vencían, sentí que ya mi vida fracasaba”…

Asegura que la música es importante, “sí, pero también es más importante componer letras que cuenten una historia, que nos digan que podemos sanar, primero desde nuestro corazón para después tocar los corazones de los demás”.

Para Elena no hay obstáculos, encumbrada como un gran compositora de música del pacífico, con su agrupación ha ganado numerosos premios y reconocimientos. Su proceso cultural y folclórico ya ha cultivado las semillas de lo sembrado en estos veinte años de trabajo por conservar y enriquecer la tradición heredada de los esclavos africanos, de sus ancestros Hinestroza.

Hoy Elena no es solo artista, es la ciudadana comprometida con el proceso social en zonas vulnerables a través del colectivo El Chontaduro, es la mujer que abre las puertas de su casa a quien quiera escuchar sus marimbas sonar, y aprender a tocar y a cantar. La que encamina por los rieles de la vida a los hijos de sus vecinos en riesgo, la que trata de hacer cuentas de las vidas que ha transformado y no sabe cuántas son, porque en sus conciertos lloran y sonríen miles al escuchar sus letras.

“Y a las mujeres les digo, a uno le pueden quitar todo lo que tiene, pero no le pueden quitar lo que es. Las mujeres todas, somos valiosas. Soy negra con orgullo, soy bella, hermosa”.

Y canta, inevitablemente… “ser mujer es lo más bonito, lo más hermoso de la humanidad. Viva la mujer, viva la mujer, viva la mujer…”·

Fuente: Alcaldía de Cali / Mónica Ospino Orozco

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