Hidroituango y la afectación de los ecosistemas  

Recientemente se presentó una crisis ambiental en la cuenca del río Cauca, en su paso por Antioquia, cuando EPM e Hidroituango anticiparon el cierre de la segunda compuerta de la represa, afectando las condiciones naturales del cauce y aniquilando miles de peces.

Foto Nuevo Siglo / Vía Agencia de Noticias Univalle

En su momento, luego de un sobrevuelo por el Bajo Cauca antioqueño el ministro de Medio Ambiente Ricardo José Lozano Picón mencionó que los niveles del cauce bajaron 1,5 metros en la zona que va desde Puerto Valdivia hasta Caucasia.

¿Por qué se habló de crisis ambiental si se afectó el río tan sólo unos días? ¿Qué factores permiten establecer que los impactos no solo afectaron al medio ambiente, sino también a la sociedad?

La profesora e investigadora del Instituto Cinara de la Universidad del Valle Inés Restrepo Tarquino explicó: hay varios factores que permitieron calificar, en su momento, la afectación del caudal del Río Cauca como un desastre ambiental. Por un lado, se soltaron las aguas de la represa de Salvajina para tratar de llenar Hidroituango en un tiempo récord. Esto, además de afectar su caudal, implicó que el río arrastrara más sedimentos y que a su paso por los departamentos del Valle del Cauca y Antioquia pudiera variar la calidad del agua. Esta decisión afectó los ecosistemas.

“Ellos dicen que fue por un período muy corto, pero los peces no salen a la orilla del río a esperar a que mejore la calidad del agua. Eso es lo que afectó el río, aguas arriba, desde Salvajina. La otra afectación se dio en Hidroituango cuando se cerraron las compuertas, para el llenado en tiempo récord, por eso después de esa zona el río quedó seco. Los peces se fueron aguas abajo para tratar de salvarse y muchos no alcanzaron, se quedaron atrapados en algunas zonas. El río tarda un buen tramo en volverse a recuperar”, explicó la profesora Restrepo Tarquino.

Inés Restrepo Tarquino es ingeniera sanitaria y magíster en Ingeniería de Sistemas de la Universidad del Valle, doctora (PhD) Educación Ambiental de la Universidad de Leeds, Reino Unido. Está vinculada al Instituto de Investigación y Desarrollo en Abastecimiento de Agua, Saneamiento Ambiental y Conservación del Recurso Hídrico – CINARA.

La docente cuenta con una amplia experiencia en el área de saneamiento básico y ambiental y en la Gestión Integrada de Recursos Hídricos (GIRH); identificación, formulación gestión y gerencia de proyectos de desarrollo. Ha liderado la gestión y coordinación de importantes proyectos sobre la GIRH en el ámbito nacional e internacional.

“Hay muchas consecuencias cuando se afectan de este modo los ríos. Por un lado, los impactos se ven reflejados en los ecosistemas que dependen de ellos, tanto los que están en el agua, como los que están en tierra. Y, por otra parte, se refleja en las comunidades que dependen del río.

“Las comunidades transportan todo lo que necesitan a lo largo del río. Pescan y viven de él. La empresa dijo ‘el río va a quedar seco unos tres días’, pero los ecosistemas no se recuperan en este mismo tiempo, pueden pasar meses para que se puedan recuperar ¿De qué va a vivir la comunidad todos esos meses mientras se recuperan los ecosistemas? Hay un impacto ambiental y social muy fuerte.” explicó la investigadora el Instituto CINARA.

“La pregunta es, si este proyecto se vendió para el desarrollo del país, ¿para el desarrollo de quién? ¿Quién se está aprovechando de todo este daño ambiental que se ocasionó a las comunidades vulnerables y a los ecosistemas aledaños al río, que son muy importantes en términos de la sobrevivencia de la misma sociedad? No se trata de pensar, por ejemplo, solo de los peces en sí, sino como parte de una red trófica que tienen los ecosistemas y como parte de lo que se denomina ‘servicio ecosistémico’ que brinda el río a las comunidades que están alrededor de él”

Inés Restrepo explicó que cuando se construye una represa, se inunda una gran área y se pierde todo el ecosistema. “Allí no solo hay un impacto social, que tratan de mitigar otorgando fincas más arriba, trasladando la gente. Los ecosistemas que quedan inundados se murieron, se perdieron y los que quedan alrededor de la presa quedan supremamente afectados, generan unas condiciones ambientales totalmente distintas a las de antes. Los cultivos tienen que cambiar, la vegetación cambia. Un proyecto de desarrollo de esta naturaleza tiene unos impactos brutales.

Los académicos e investigadores de todo el mundo están en contra de las represas. En países como Estados Unidos se destruyeron represas, comentó ella, por el daño social y ambiental que causan. En Holanda también se han destruido represas. “Con el cambio y la variabilidad climática, estos efectos en los ecosistemas se van a acentuar”, mencionó la docente. Así mismo señaló que se cree que la energía obtenida de las represas es limpia, pero esto es solo para los usuarios, en términos ambientales no lo es.

Ejemplo de esta afectación se dio en la construcción de la Represa de Chivor (Boyacá), que en su momento generó unos impactos ambientales graves, sin mencionar el peligro de las comunidades aguas abajo en caso de que se llegara a presentar una tragedia. Con esta represa, aumentó la humedad en la zona, generando una pérdida de ecosistemas de zonas secas. Esto implicó que los campesinos y agricultores tuvieran que dejar de cultivar papa, porque debido a las nuevas condiciones del ecosistema, se perdían las cosechas por la humedad del ambiente.

Es por estas afectaciones, recalcó la docente, que los académicos de todo el mundo están en contra de las grandes represas. Las propuestas para generar energía son de todo tipo: por un lado recomiendan la implementación de pequeñas represas, que igual tienen impactos, pero no a gran escala. Algunos recomiendan el uso de energías nucleares, una alternativa energética a la cual muchos temen, pero con el conocimiento actual alrededor del manejo de los desechos y residuos, podría ser una alternativa. También podría pensarse la implementación de la energía solar, un tipo de energía ‘limpia’ en su uso, pero implica el cambio de paneles cada cinco años.

“No existen energías ‘limpias’, puede decirse que existen energías menos sucias y tenemos que elegir la que menos impacto causa en el medio ambiente”, concluyó la profesora Inés Restrepo Tarquino.

Fuente: Agencia de Noticias Univalle

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