Por buen estudiante, Diego Alejandro Marín se prepara para cambiar la historia de su familia

Historia de  un muchacho caleño que va a ser el primero en su familia en pisar una universidad.

Foto Alcaldía de Cali

Por Heinar Ortiz Cortés
Alcaldía  de Cali

“Mi vida y la vida de mi familia van a cambiar muchísimo. En mi círculo familiar yo soy la primera persona que va a tener la posibilidad de entrar a una universidad. Mi sueño era ser universitario, siempre lo ha sido. No tenía un ejemplo a seguir. Pero al yo ser la primera persona de mi familia que va a la universidad, voy a abrir el camino para la siguiente generación de mi familia, para que me vean como ejemplo”.

Diego suelta la frase como una poderosa epifanía, con seguridad, pero con inquietud. Con la ansiedad natural de quien sabe que el futuro está por cambiar. Mueve las piernas y entrelaza sus dedos. A veces intenta cruzarse de brazos, como quien todavía no cree lo que relata.

“Antes de salir del colegio, mi principal meta era entrar a la Universidad del Valle. Esa siempre fue mi meta y lo que quería. Por eso, sabía que tenía que sacar un muy buen puntaje, pero nunca había pensado que podía ganarme una beca. ¿Por qué? Porque esta es la primera vez que se hace este proyecto desde el Municipio, o sea, no sabía que esto se iba a hacer. Nunca habíamos tenido becas universitarias para bachilleres. Pero dos semanas después de obtener los resultados del Icfes (Prueba Saber 11) me dijeron que me iban a becar”, cuenta el muchacho.

Diego Alejandro Marín Vásquez tiene 17 años. Estudió toda su vida en instituciones educativas oficiales, se graduó de la Antonio José Camacho y sacó un puntaje de 398 sobre 500 en las Pruebas Saber 11. Es el puntaje más alto obtenido por un joven de escuela pública en Cali.

Él es uno de los 80 muchachos y muchachas que la alcaldía de Maurice Armitage premiará con una beca completa y apoyo financiero semestral para completar sus estudios profesionales en una de las carreras de la Universidad del Valle, a través del programa Becados para el Progreso.

Es la primera vez en la historia que la Alcaldía de Cali ofrece este tipo de beca para ingresar a la educación superior. Y Diego la aprovechará estudiando Ingeniería Mecánica, un sueño hecho realidad.

Diego vive en una casa peculiar, de esas que hay en varios barrios de Cali. De esas que tienen entrada y salida por cuadras paralelas, que son algo así como un pasillo largo con algunos desniveles y cuartos a los lados. La fachada está pintada de un azul profundo y tiene rejas blancas hasta arriba. Queda frente a un parque del barrio Berlín, comuna 4.

En ella viven seis personas: Diego, su mamá, sus dos abuelos, un tío y Samuel, el hermano menor de Diego que tienen cinco años y medio. “En abril cumple años seis añitos”, dice el chico, sentado en una silla en el parque frente a su casa.

“Lo que más hacemos en familia con mi mamá y mi hermano es ver películas. Con mi hermano comparto la pasión por los videojuegos, y como me gusta enseñarle, le propongo retos a cambio de jugar. Retos matemáticos; que cuente hasta un número, o que haga una suma o una resta, para que vaya afianzando esas habilidades y para que se dé cuenta de que hay que esforzarse siempre. Con él es con quien paso más tiempo todo el día”, relata.

El papá vive en otra casa. Es técnico en refrigeración. Quiso ser ingeniero, pero no pudo, dice. De ahí heredó la pasión por la tecnología, por las máquinas y por la ciencia, explica Diego. En su rostro hay todavía algunas marcas de la adolescencia y su hablar deja salir todavía brillos de una voz infantil; no obstante, habla con la convicción de un hombre maduro.

“Actualmente estamos viviendo una crisis mundial referente a lo que tiene que ver con los combustibles fósiles. ¿Qué es lo que pasa con ellos? Aparte de que ya se están terminando y la demanda es demasiado alta -que va a llegar a un punto en que no se va a poder cubrir-, está contaminando muchísimo el planeta, generando calentamiento global provocado por el efecto invernadero y la capa de ozono se está debilitando. Entonces ahí es donde son vitales las energías renovables. Me gustaría que nuestro país fuese pionero en energías renovables, por eso elegí ingeniería mecánica, me gustaría muchísimo trabajar ese tema”, enfatiza.

— ¿Qué estás haciendo por estos días? —le pregunté.

— Estoy yendo a la Universidad a clases de precálculo. Para irme empapando del tema…

Diego asegura que resolver ecuaciones matemáticas o físicas le generan un placer “casi igual” al que le ocasionan los videojuegos. Por estos días está ‘engomado’ con Fortnite, un battle royal mundialmente conocido entre los adolescentes que juega a cada rato en su PlayStation 4.

“Una de las cosas que más hago, y que es algo de lo que me voy a tener que olvidar un poco cuando entre a la universidad, son los videojuegos. Siempre me han gustado, los juego desde pequeño y es una de las cosas que más hago en el día. También me gusta mucho leer y ver documentales y videos de ciencia en Youtube”, comenta en su habitación, mientras intenta armar un dodecaedro Rubik.

Ahí en su cuarto tiene seis gorras, una lámpara y un tendido de Spider Man, la máscara de Jason de Friday the 13th, un afiche de God of War, 14 carritos de juguete, una decena de figuras de superhéroes como los Avangers, un Gokú de icopor que vuela entre nubes de icopor y reposa colgado en una pared azul, y una extraña mezcla de libros de física y cálculo con libros de teorías conspirativas y fantasía.

— También voy al gimnasio una hora.

— ¿Y sos amiguero?

— No tengo muchos, pero los que tengo son buenos amigos.

— ¿Y tenés novia?

— No… Y ahora menos, no me va a quedar tiempo —comenta Diego con algo de resignación.

El principal objetivo del alcalde Maurice Armitage es llevar el progreso social a todos los caleños. Becados para el Progreso es una de las apuestas para ello, brindando la posibilidad de que, por cinco años, los 80 jóvenes beneficiados estudien sin poner un solo peso la carrera que deseen en Univalle, recibiendo, además, $1’800.000 cada semestre para su alimentación, transporte y manutención general, mientras se profesionalizan.

Diego ya lo sabe. Siente miedo ante la responsabilidad que acarrea esta oportunidad, pero piensa en el futuro.  Proyecta con pinceladas de maestría, como dibujando sobre un lienzo en blanco en su imaginación. Aprieta la boca antes de dejar salir las palabras.

“De la manera en que le quiero retribuir al Municipio el tema de la beca es con las energías renovables. Es un tema que me apasiona mucho. Estoy proponiendo trabajar con energía termosolar. Mediante la física, existe cierto ciclo en el que se puede aprovechar la energía del sol para calentar agua y que posteriormente se evapore. Con ese vapor se puede impulsar una turbina eléctrica para generar energía. En una ciudad como esta es algo muy viable, porque, primero, como estamos en el Ecuador, la luz del sol nos da perpendicularmente. O sea que se puede aprovechar más”, explica con experticia.

“Este tipo de energía se podría instalar y producir para abastecer edificios públicos, como hospitales, colegios, etc. Y con el tiempo, trabajar con los niños para crear conciencia sobre el consumo responsable y las energías renovables”, remata.

Pese a ser solo un muchachito, Diego parece ya tener memorizado su camino, como si fuese un nivel de alguno de sus videojuegos. Sonríe a medias como lo hace el Guasón en la camiseta negra que lleva puesta. Lo sueña desde que era un niño.

“Espero encontrar trabajo o montar mi propia empresa, para ayudar a mi familia inicialmente con una casa, que es el sueño de todas las familias que no tenemos casa propia”. Hace una pausa. Traga saliva y evade la mirada para no dejar ver la nostalgia.

“Mi mamá se siente muy orgullosa de mí. Me lo ha demostrado de muchas maneras. Mi papá también, todos están muy orgullosos de mí. Sé que ellos tienen muchas expectativas y siento algo de miedo, pero estoy seguro de que me va a ir bien”.

Entonces, se recompone, mira de frente y deja, por fin, salir una sonrisa.

 

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