Una cita para sembrar en el Cerro

Cada año se ha vuelto costumbre visitar a Cristo Rey para reparar los daños que dejan los incendios en el cerro tutelar de Cali. Es como pagar una penitencia por el pecado de los pirómanos. Allí estuvo una estudiante de Comunicación de la Javeriana de Cali y nos cuenta su historia. 

Foto María Camila Paz Lombo

Por María Camila Paz Lombo
Estudiante de Comunicación PUJ-Cali
Especial para CBN

Brazos extendidos, piel blanca y la palabra “magnífico” resoplando en el aire frío. Mirarlo me envolvía en una sensación de trance. Quería fotografiarlo, tenerlo para siempre en mis recuerdos. A pesar de ser una caleña muy orgullosa, nunca lo había visitado y me había estado perdiendo de mucho. Tenía que suceder una tragedia para despertarme a las 6 de la mañana e intentar ayudarlo. Desde esa tarde de llamas y cenizas, lo he estado escuchando pidiendo auxilio y en el momento en el que los volantes y posters se publicitaron por las redes, fui la primera en decir “vamos”.   “¿Al cerro? ¿Eso es donde fuimos la otra vez?” Preguntó mi mamá el sábado. “No. A donde fuimos fueron las tres cruces. Este es Cristo Rey.” Palabras después, tuve que enseñarle toda la publicidad del evento. Cristo Rey cumplía años y el Dagma había organizado la primera siembra real para su restauración después del incendio con el plan Ave Fénix. “Bueno, su papá madrugará entonces y la lleva.” Instantáneamente pensé, “ya no seré la única caleña de la familia que no haya visitado el Cerro, mi papá está en las mismas”. 

Verlo me revolvía el estómago. Estar en un lugar tan alto observándolo era impresionante. Sabía que mucha gente ahí sentía lo mismo que yo. Todos, de todas las edades, se encontraban alrededor de él rindiéndole tributo, tomándose fotos, apoyándose en él y riendo. Cada uno quería ser tan poderoso como él. Me vi obligada a moverme y bajar la colina. Yo tenía un propósito y era hora de cumplirlo. 

Negro y verde. Dos lados de la misma moneda. Lo que es ahora y lo que fue. Yo, junto con unas 200 personas más  podíamos cambiar esa línea fronteriza. Tres muchachas con gorras verdes me preguntaron si quería ayudar a abrir huecos. Esa tarea era imposible para mí con mis débiles brazos. Así que mi novio decidió ayudar por mí. Cada uno se perdió por su lado y empecé a recorrer los alrededores. 

Había todo tipo de gente. Hombres abriendo huecos, con guantes, sin camisa, con gorras, sudando, el sol quemaba más con cada participación; mujeres sembrando plantas que sus esposos llevaron cargadas; niños y niñas jugando y sembrando con sus familias; hombres sembrando; personas con camisetas verdes del Dagma dando las gracias por el apoyo y la colaboración; personas mayores con chalecos amarillos estampados de “leones”; periodistas y camarógrafos de Telepacífico; un pequeño grupo de jóvenes con cámaras; y hombres del ejército ofreciendo apoyo. Cali se había reunido para salvar a su cerro.

Foto María Camila Paz Lombo

Yo, por mi parte, estuve tomando fotos, buscando el ángulo más humano y atrayente para las fotografías. Después de un rato de preguntar a la gente si los podía fotografiar, inauguré la sesión de entrevistas. Una de las personas del común a las que le pregunté por qué había llegado ahí, respondió que lo que había sucedido fue horroroso y quería colaborar de cualquier forma. Así como ella, una de las muchachas de gorra verde también mencionó lo horrible que fue el incendio. Fue triste escuchar tales declaraciones sabiendo que la conflagración presuntamente había sido provocada por caleños. Una de las trabajadoras del Dagma mencionó que la catástrofe se había iniciado desde abajo de la colina. 

Sin notarlo, esa reunión de siembra se había convertido en algo anual, ya que siempre pasaba lo mismo, Cristo Rey sanaba y tiempo después volvía a enfermarse. ¿Cuándo terminaremos de hacerle daño a lo que es nuestro, a lo que amamos y a lo que debería ser respetado? Si esto no para, es hora de separar en sus calendarios la siguiente fecha de siembra para el año que viene, y el que le sigue.
 
Después de ver los rastros de nuevas vidas formándose y llegando al medio día con mi piel ya negra, compré algo de comer y le dije adiós al cerro de Cristo Rey. Le prometí que nos veríamos el próximo año con palas y mucho abono para plantas.

One Response to "Una cita para sembrar en el Cerro"

  1. Olga Beatriz Manjarres   diciembre 4, 2018 at 6:11 pm

    Muy buen escrito, ojalá todosl los caleños y los que no somos y vivimos en esta linda ciudad tomemos conciencia de que esta naturaleza es nuestra y estamos en la obligación de cuidarla y amarla.

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