Chico tres luces en Cali

Le dicen experimento social, pero lo cierto es que este estudiante-artista de la Javeriana Cali se la jugó en dos semáforos en Cali para ser artista y ser reconocido por el público con alguna moneda mientras cambia la luz de rojo a verde en el inclemente sol de las 2 de la tarde.

Foto José David Vargas Penagos

Por José David Vargas Penagos
Estudiante PUJ-Cali
Especial para CBN

“¡Eyyy pelado!.. ¡Papi! Sí usted… El de la bici “. Así se refirió a mí uno de los jóvenes venezolanos que se encontraban en la sombra del faro de la calle 16, al lado de la Panadería de P a Pan. Este chamo, como ellos se llaman entre sí, me mira y espera mi reacción. Guardo silencio mientras lo miro a través de mis gafas oscuras. Observo su desespero, tal vez hambre, calor y enojo al darse cuenta que soy un malabarista en busca de un semáforo para mostrar mi arte.

Alcanzo a recostar mi bicicleta en el semáforo. No había desabrochado mi casco y aunque ya había desenfundado mis malabares preferí decirle al sujeto que porque no nos turnábamos el semáforo, a lo que El respondió con una condición: “Chamo te dejo trabajar si banqueas, pues tendrías que pagar $2.000 por el semáforo”. Preferí guardar mis malabares, agarrar mi bici y emprender de nuevo un borondo en busca de un nuevo semáforo.

Voy bajando por la calle 16 al faro de la carrera 83. Está libre. Recuesto mi bici y desabrocho  mi casco. Mientras contabilizo el tiempo del faro me coloco mi kit: una gorra vieja que me ha acompañado en mis viajes y mis gafas de sol, un poco rayadas por algunas caídas, pero que todavía me ayudan a mermar los rayos del mono, pues el sol está muy fuerte, tan fuerte que cuando termino de contabilizar el faro el pavimento titila del calor tan verraco que está haciendo.

Foto José David Vargas Penagos

Ya tengo el tiempo preciso del faro, así que me lanzo a la cebra y comienzo a improvisar una rutina. Cuatro lanzadas hacia arriba acompañadas de un silbido, cinco lanzadas por la espalda, cinco machetazos hacia adelante y finalizo la rutina con un equilibrio en la cumbamba seguido de un muchas gracias que tengan una buena tarde. Siento que en cada salida al faro la temperatura aumenta y el pavimento se calienta cada vez más. El calor de los motores de los carros cada vez que paso por su lado me hace sudar. A veces me gusta sentir esa sensación porque me hace sentir vivo.

En cada salida que hago al  faro siento adrenalina y libertad. Me observan y terminada la rutina con el consabido  “muchas gracias, que tengan una buena tarde” voy pasando entre las motos esperando que los carros bajen la ventanilla para colaborar. Cuando me acerco siento el aire acondicionado del interior de los vehículos… Quisiera quedarme allí.

Llevo cinco salidas al faro y cada vez me va mejor. Vacíe el dinero del canguro y hasta el momento llevo $15.600. Siento que el calor está al límite. No hay ningún vendedor, ni los de Vive100. Así que voy empacando en la sombrita del guayacán para irme a comer un cholado al parque del Ingenio, cargado de fruta y con cocada rayada para refrescarme. 

Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.