Lecciones de guerra e historia en Núremberg

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Por Daniel Manrique Castaño
Corresponsal de CBN en Europa

La ciudad de Núremberg, en el sudeste de Alemania, se hizo famosa en la década de los años 30 del siglo pasado por las multitudinarias concentraciones de ciudadanos alemanes que se hacían en el campo Zepellín para escuchar y aclamar al Führer Adolf Hitler mientras las semillas de una nueva guerra crecían en Europa.

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Fachada de la sede del Tribunal de Núremberg, Alemania /Foto Daniel Manrique Castaño

Algunos años después, la misma ciudad se convertiría en el lugar donde se llevó a cabo el primer juicio penal internacional, que condenaría a líderes, políticos y militares nazis, por crímenes de guerra.

La sala 600 del Palacio de Justicia de Núrenberg, ubicado en la Fürther Strasse, fue el escenario donde las víctimas y miles de documentos del estado alemán dieron cuenta de la participación de altas esferas políticas, administrativas, industriales y militares en el secuestro, desaparición y genocidio de seis millones de judíos, además de las acciones de guerra que llevaron a la muerte a cerca de 25 millones de personas y la devastación de Europa entre septiembre de 1939 y mayo de 1945.

Ante un tribunal compuesto por dos jueces de cada una de las potencias vencedoras, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética, comparecieron entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946, 24 líderes del Tercer Reich, entre los que se destacaban el Mariscal de Campo Hermann Goering, comandante de la Luftwaffe (Fuerza Aérea Alemana) y presidente del parlamento alemán; Karl Dönitz, almirante supremo de la Flota Naval, y  Rudolf Hess, secretario privado de Hitler, quien fue capturado por los aliados al principio de la guerra.

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La Sala 600 del Tribunal de Núremberg/ Foto Daniel Manrique Castaño

Para algunos historiadores y críticos, el juicio fue desequilibrado. Por una parte, los abogados defensores de los acusados no contaron con el tiempo suficiente ni el acceso a documentación que permitiera organizar la defensa y responder eficientemente a las imputaciones de los fiscales. Por otra parte, el tribunal de jueces estaba compuesto por las potencias ganadoras y los fiscales de los países aliados tuvieron el tiempo y el acceso a todos los documentos y registros que el Tercer Reich acumuló durante cinco años, y que fueron reunidos por las tropas aliadas en cada rincón de los países invadidos por el ejército alemán. Con cientos de kilos de papel y fotografías, los aliados prepararon un compendio de pruebas que llevaron a la sentencia, más allá de toda duda, de los imputados.

En general, durante el juicio, los implicados reconocieron su responsabilidad en la comisión de los crímenes que se les imputaban, aunque siempre hicieron la salvedad de que Adolf Hitler y Heinrich Himmler, comandante de las SS, fueron los autores intelectuales de todas las atrocidades. Inesperadamente, los soviéticos presentaron como testigo de la fiscalía al General Alemán Friedrich Paulus, comandante del sexto ejército, quien se entregó a los soviéticos en febrero de 1942 después de que las fuerzas alemanas sucumbieran ante el ejército rojo en la batalla de Stalingrado (actual Volgogrado). Las declaraciones del general lograron vincular activamente a muchos de los implicados en la planeación y ejecución de las acciones de guerra, que demostraron que la segunda guerra mundial fue un acto deliberadamente premeditado por las altas esferas del poder político y económico de Alemania.

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Algunos de los acusados en los juicios de Núremberg / Foto Daniel Manrique Castaño

A pesar de las controversias frente al juicio, se considera que el proceso fue justo, debido a que se demostró, más allá de toda duda, la efectiva y eficiente participación de la mayoría de los implicados. Asimismo, el juicio de Núremberg se constituyó en un pilar para el derecho penal internacional, y como un antecedente histórico y judicial para juzgar crímenes en contra de la humanidad que hoy son del fuero de la Corte Penal Internacional.

La visita al palacio de justicia de Núremberg y la sala 600, trajeron inmediatamente a mi mente las circunstancias actuales de Colombia, donde crímenes contra la humanidad, cometidos por guerrilleros y altos funcionarios del Estado aún continúan impunes. Núremberg es un recuerdo de justicia efectiva, donde potencias vencedoras sentenciaron a criminales de guerra de los vencidos ¿Podría esto extrapolarse a la situación actual de Colombia, donde no hay vencedores ni vencidos, sino un consenso para terminar una guerra que ha desangrado al país durante 52 años?

Los juicios posteriores a la Segunda Guerra Mundial nos recuerdan que el descubrimiento de la verdad es una circunstancia fundamental no solo para un proceso judicial, sino para sanar las mentes de miles de víctimas de un conflicto armado.

En estos momentos es difícil saber qué pasará con el conflicto en Colombia y si las promesas de verdad, justicia, reparación y no repetición serán cumplidas por las partes. Sin embargo, recuerdo vagamente las palabras del juez Baltasar Garzón en un documental presentado por Hollman Morris en la Universidad Javeriana de Cali cuando se le preguntó (con referencia a las masacres paramilitares): ¿Juez, cómo es posible que todo esto haya ocurrido? “Eso solo pueden responderlo los colombianos”, dijo.

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