Escuchando las voces del pasado en el cráter del Vesubio

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Daniel Manrique Castaño/ Estudiante de doctorado /Universidad de Bochum (Alemania)

La erupción del Monte Vesubio que destruyó Pompeya y Herculano en la Campania Italiana, es uno de los desastres naturales más reconocidos de la antigüedad y la historia humana. El 24 de agosto del año 79 d. C. es descrito en las cartas de Plinio el Joven al historiador Tácito:

Vesubio
Cráter del volcán Vesubio /Foto Daniel Manrique Castaño.

“La playa se había ensanchado y muchos animales marinos habían quedado en seco sobre la arena. Por otro lado una negra y horrible nube, rasgada por torcidas y vibrantes sacudidas de fuego, se abría en largas grietas de fuego, que semejaban relámpagos… Entre tanto, desde el monte Vesubio por muchos lugares resplandecían llamaradas anchísimas y elevadas deflagraciones, cuyo resplandor y luminosidad se acentuaban por las tinieblas de la noche. Ya era de día en otros sitios y allí había una noche más negra y más espesa que todas las noches…  Cuanto más se aproximaba, la ceniza caía en las naves cada vez más caliente y más densa, y también pedruscos y piedras ennegrecidas quemadas y rajadas por el fuego… Allí hubieras oído chillidos de mujeres, gritos de niños, vocerío de hombres: todos buscaban a voces a sus padres, a sus hijos, a sus esposos, los cuales también a gritos respondían” 

Nápoles
Bahía de Napóles vista desde El Vesubio / Foto Daniel Manrique Castaño.

1936 años después, yo estaba allí, subiendo por la ladera del monte Vesubio para llegar hasta el cráter de cerca de 500 metros de diámetro que selló los destinos de al menos 10.000 habitantes de estas tierras fértiles del imperio romano. Irónicamente, la esplendorosa vista desde su cima de la Campania, el mar, las islas del golfo de Nápoles, y la belleza natural de este gigante dormido, contrastan con el terror y las lágrimas que se desprendieron aquella fatídica noche veraniega.

A pesar de ser uno de los volcanes más peligrosos del mundo, la región vesubiana está hoy densamente poblada, con aproximadamente tres millones de habitantes. La última erupción del Vesubio se registró el 17 de marzo de 1944, mientras Europa se encontraba sumida en la segunda guerra mundial, y tuvo como resultado la devastación de la ciudad de San Sebastiano. Desde la erupción del 79, la primera documentada históricamente, se han registrado 21 erupciones, siendo la del 79 y 1631 consideradas las más trágicas.

Pompeya
Aspecto interior de una de las viviendas de la desaparecida ciudad de Pompeya /Foto Daniel Manrique Castaño.

En la actualidad, Pompeya y Herculano son pequeñas ciudades que explotan el turismo arqueológico. Las excavaciones a cielo abierto de ambas ciudades están abiertas al público, aunque siempre hay algunas secciones cerradas por trabajos de restauración. Parece increíble que ambas hubieran estado enterradas por más de un milenio y que un descubrimiento fortuito hubiera iniciado la excavación de la Pompeya del imperio romano a mediados del siglo XVI.

Una de las características más significativas de las ruinas pompeyanas es la existencia de los calcos. En 1863, mientras realizaba tareas rutinarias de excavación, un grupo de obreros informaron a Giuseppe Fiorelli, el director de las excavaciones, que se habían hallado restos óseos en una cavidad hueca. En un acto de genialidad, Fiorelli ordenó que se inyectara yeso a través de las cavidades. Una vez seco el yeso, se retiraron los restos rocosos y se obtuvo una especie de escultura, que recubriendo los restos óseos, daba cuenta de figuras humanas y otros seres vivos. Mediante esta técnica se conservan las posiciones y expresiones de las personas que murieron aquel día enterradas por la ceniza. Los yesos de una pareja abrazada y de un adulto con un niño, ponen a volar la imaginación y revuelcan el corazón.

Pompeya
Hoy pueden verse las figuras de personas tal como quedaron congeladas en el tiempo luego de la erupción del Vesubio /Foto Daniel Manrique Castaño.

Es difícil describir con palabras lo que pasa por la cabeza y el corazón mientras se recorre las calles fantasmas de Pompeya y Herculano. Los restos de casas, templos y sitios públicos, bellamente decorados con mosaicos conservados a través de dos milenios, son una máquina del tiempo para que el visitante se trasporte al pasado y trate de imaginar la vida y penurias en aquella fructífera región que cada día exhibe la imponente silueta de su verdugo.

En la actualidad, el Observatorio Vesubiano, el instituto más antiguo en el campo de la vulcanología (fundado en 1841), es el encargado de registrar la actividad geológica del volcán. En el cráter del Vesubio pueden observarse equipos de registro geológico y cámaras que monitorean el volcán los 365 días del año en busca de signos que sugieran que el gigante está despertando de nuevo de su profundo sueño.

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