El empujón que aprovechó María Alejandra para dejar atrás la tragedia del desplazamiento  

María Alejandra, es una joven de 28 años que llegó a Cali en el 2017 como víctima de desplazamiento forzado junto a su familia, con el propósito de iniciar una nueva vida y dejar atrás ese conflicto que afecta su ciudad natal San Andrés de Tumaco.

 

Foto Alcaldía de Cali

De acuerdo con las cifras del conflicto, Tumaco cuenta con una población de 212.692 personas, de los cuales, según el Registro Único de Víctimas, RUV,100.049 son parte de ese conflicto político social y armado que ha afectado esa parte del país.

Es por esto que, Cali como principal ciudad receptora de víctimas del conflicto armado en el suroccidente colombiano, recibió con los brazos abiertos a María Alejandra y su familia, quienes llegaron tras sufrir un doble desplazamiento. El primero ocurrió en el año 2010 por parte de un grupo armado denominado Las Águilas Negras, ellos la obligaron a huir a la ciudad de Pasto, lugar en el que afrontó duras pruebas como la grave lesión de su, entonces, pareja en la columna a causa de un disparo y el fallecimiento de su padre, el cual lamenta, ya que no pudo asistir a sus hornas fúnebres debido al miedo de volver a su ciudad.

Un año después, María regresó a su tierra con la esperanza de recuperar su vida junto a sus seres queridos y con el empuje que la caracteriza, decidió iniciar su propio negocio. Gracias al apoyo de su actual pareja, rentaron un local en el que vendían pinchos, costilla, carne, pollo, un lugar que se fue posicionando ante la población y turistas que visitaban la zona, el cual les dio la oportunidad de generar empleo.

Por esta razón, las disidencias de las FARC que habitan en la zona, se empezaron a interesar en ella, cobrándole la famosa “vacuna”. “Recuerdo que la primera vez que nos cobraron vacuna fue el 6 de enero de 2016, nos pidieron 200.000 pesos, diez días después regresaron por órdenes del patrón y se llevaron un pollo, pinchos y 100.000 pesos”, cuenta María Alejandra.

Durante todo el año el cobro fue constante, hasta que finalmente en el año 2017, les exigieron 1’000.000 de pesos a cambio de respetar su vida. En vista de que no tenían esa cantidad de dinero, decidieron huir para protegerse, buscaron ayuda en la Alcaldía de Tumaco sin obtener una respuesta positiva, hasta llegar entonces a Médicos sin Fronteras y la cual los remitió a la Cruz Roja, donde inmediatamente tomaron sus datos y les facilitaron los tiquetes para trasladarse a Cali.

Cuando arribaron a la ciudad, les indicaron la dirección del Centro Regional de Atención a Víctimas, lugar en el que fueron atendidos con inmediatez por parte de los funcionarios  de la subsecretaría de Atención Integral a Víctimas, los cuales activaron la ruta de atención, después de la declaración de la familia ante el Ministerio Público.  Por tener una red de apoyo en la ciudad, la Alcaldía de Cali le ofreció unos bonos para alimentación, productos de aseo y dotación que les permitió superar la situación de vulnerabilidad con la cual habían llegado, “Esto fue de gran ayuda porque no conocíamos la ciudad, además nos dio ese empujoncito que necesitábamos para no dejarnos caer, y salir adelante”.

Económicamente, el desplazamiento le cambió la vida, debido a que les tocó enfrentar asuntos que ya tenían resueltos cómo vivienda e ingresos para sostenimiento diario. Es por eso, que poco a poco empezó a participar en programas de educación y empleo, lo que le permitió entrar hacer parte de una convocatoria que había para esta población en la ciudad, dándole la oportunidad de trabajar en una empresa de calzado de marroquinería.

Con este empujoncito económico, Alejandra y su esposo, decidieron emprender y continuar con su negocio de comida rápida, que el día de hoy   funciona a las afueras de un lugar nocturno de la ciudad, el cual está lográndose posicionar. “Yo me defino como una mujer trabajadora, echada para adelante, emprendedora, con todo lo vivido me he dado cuenta que ninguna ciudad me queda grande y que después de que tenga una mano amiga o un pequeño empujón, puedo hacer lo que me proponga”.

Lo que más le duele de dejar a su tierra es no tener cerca a su hijo mayor, fruto de su primera relación, pero aclara que no quiere regresar porque cada vez las cosas son más complicadas en tema de seguridad, prefiere que él venga a vivir con ella a Cali y compartir lo que esta ciudad le ha ofrecido.

Es así  como la Alcaldía de Maurice Armitage continúa  trabajando en la atención a la comunidad  víctima del conflicto armado, cumpliendo desde la Secretaría de Bienestar Social con la misión de mejorar la calidad de vida de cada uno de los habitantes que hacen parte de la ciudad. En este caso, desde la ayuda humanitaria, cumpliendo con el protocolo de atención acordado en la ley 1448 del 2011.

Fuente: Alcaldía de Cali

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