Entre los números y las señas

Este administrador de empresas es el fundador de La Percumotora, la orquesta “sinfónica” que se sirve de las señas para crear canciones en tiempo real frente a su público. Su magia es fruto de la improvisación.

Foto Pontificia Universidad Javeriana Cali

Rodrigo Matta se para en frente, al mejor estilo de un director de orquesta sinfónica. No lleva un frac con la típica camisa blanca ni corbatín. En su menuda figura tiene enfundada una camiseta negra y un pantalón camuflado color beige. Sus manos le sirven de batuta. Entre señas y aplausos les indica a sus músicos que la función va a empezar. Las partituras no existen.

En ese momento, el bajo, el clarinete, la batería, el saxofón, el tambor alegre, las congas, los idiófonos, el alegre y la armónica, uno tras otro se van uniendo en una sola melodía. Rodrigo y su equipo hacen improvisación con señas, donde no hay canciones predeterminadas. Su magia es fruto de la espontaneidad.

Y aunque su música es una improvisación, la vida de Rodrigo no lo es. Estudió Administración de Empresas en la Javeriana y ha trabajado en varias compañías ejerciendo su profesión, incluso fue Joven Investigador de Colciencias, y alcanzó a publicar un artículo sobre investigación económica.

“Lo más divertido es la música, pero no puedo negar mi experiencia como administrador”, añade mientras dibuja una leve sonrisa en su rostro.

En el año 2005, la Universidad Nacional de Colombia le concedió una pasantía de un semestre para estudiar música y fue en ese momento cuando inició un romance interminable con ella. Tras dos años en Bogotá, regresó a Cali y se incorporó en Proartes, para coordinar la Escuela de Música Desepaz. “Una tía me comentó que en Proartes buscaban una persona con mi perfil: administrador y músico. Tuve entrevista con quien es la actual ministra de Cultura, Mariana Garcés, y con el director de ese entonces de la Orquesta Filarmónica, y me quedé con el puesto”, comenta con tono de orgullo.

“Lo más divertido es la música, pero no puedo negar mi experiencia como administrador”, advierte Rodrigo. 

Mientras estaba en Desepaz se le cruzó en el camino la beca Carolina Oramas, que era otorgada por el Icetex a jóvenes artistas. Entonces sus planes cambiaron y viajó a Argentina a estudiar jazz y, simultáneamente, ritmo y percusión con señas. Este último motivado por La Bomba de Tiempo, un grupo experto en la técnica que lo hizo encontrarse con una búsqueda que lo venía inquietando desde hacía un tiempo.

“Cuando conocí La Bomba de Tiempo supe que había encontrado algo. En los talleres de ritmo que dictaba hacía que la gente creara sus propios ritmos. Luego los tenían que presentar y yo los dirigía a través de unas señas que se inventaba. Esto no lo había visto antes hasta que me topé con La Bomba, y fue cuando supe que esto era lo que me venía persiguiendo de forma inconsciente. De inmediato me enganché”, recalca entusiasmado.

Su estadía en Buenos Aires también le alcanzó para embarcarse en la Especialización en Gestión Cultural y Políticas Culturales, en el Instituto de Altos Estudios Sociales (Idaes), que forma parte de la Universidad Nacional de San Martín.

En mayo de 2011, el amor por su tierra lo hizo volver a Colombia, y a la Javeriana le reabrió sus puertas, esta vez como colaborador en el Centro de Expresión Cultural, donde coordinaba el área de Formación de Públicos. “Duré cuatro años y fue una experiencia muy chévere y enriquecedora”, comenta Rodrigo.

Una búsqueda llamada La Percumotora

Desde los 15 años Rodrigo toca la batería, la cual compró con el dinero que guardaba de la mensualidad y 50.000 pesos que su papá le regaló. Así, pues, su romance con la música ha estado presente la mayor parte de su vida, y pareciera que ese idilio nunca va a terminar, pues con el nacimiento de La Percumotora, en 2012, ese sentimiento se reafirmó.

Foto Pontificia Universidad Javeriana de Cali

La Percumotora es una orquesta compuesta por varios músicos que aplican la técnica de improvisación por señas, según las indicaciones del director. Esa técnica fue inventada por Santiago Vázquez, artista argentino.

La Percumotora trabaja con un sistema de señas, 150 en total. Por cada improvisación utilizan alrededor de 4 a 15 señas.

“En este lenguaje no hay canciones predeterminadas, en los conciertos no sabemos qué vamos a tocar. Creamos composiciones en tiempo real frente al público”, explica este caleño.

La agrupación, que es la única en Colombia de este tipo, empezó con instrumentos de percusión y hoy cuenta con otros como la guitarra, el saxofón, el clarinete y el piano, que permiten incorporar la melodía y la armonía a sus composiciones.

Un medio para crear comunidad

A través de La Percumotora, Rodrigo no solo le apuesta a la música con una propuesta diferente, sino que también la utiliza como un medio para fomentar el trabajo en equipo y la sana convivencia a partir de talleres empresariales.

“Este es un proyecto musical, pero también formativo, para crear comunidad en la gente. Nuestro objetivo es ofrecer una herramienta original y nueva para crear conciencia de equipo, usar la música para hacer mejores cosas”, recalca el también docente.

Rodrigo tiene experiencia como profesor desde 2002. Ha dictado talleres en Barcelona, Suecia, Alemania y Cali.

Entre los servicios que presta La Percumotora se encuentran los conciertos didácticos en colegios y los talleres de música enfocados a la improvisación con señas o a aprender el sistema como tal.

Sus melodías se han escuchado en festivales de Bogotá y Medellín, e incluso en el programa “Mi comunidad es escuela”, de la Alcaldía, que tiene como objetivo fortalecer la calidad y la pertinencia de los procesos pedagógicos de las instituciones educativas oficiales rurales y urbanas de la capital del Valle del Cauca.

Y es así como todos los miércoles, durante cuatro horas, Rodrigo y su combo se dan cita en la Sala de Expresión Musical de la Javeriana para hacer retumbar sus instrumentos al son de las señas.

Fuente: Pontificia Universidad Javeriana de Cali

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