Los mayos del 68: el caso de México

Conmemorar los 50 años de mayo del 68 es atender un llamado que nos hace la historia, sobre unos acontecimientos que cambiaron el siglo XX. 

Foto Agencia de Noticias de la Universidad del Valle

Así lo manifestó el profesor Antonio José Echeverry, docente del Departamento de Historia, durante la apertura de “Los mayos del 68: 50 años después”, evento organizado por el Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades, con el apoyo de la Escuela de Estudios Literarios, el Departamento de Filosofía, la Escuela de Trabajo Social y Desarrollo Humano, la Escuela de Ciencias del Lenguaje, el Centro Virtual Isaacs, la Asociación de Profesores Universitarios – ASPU y a la Biblioteca Mario Carvajal.

El profesor Echeverry manifestó que mayo del 68 fue la cuna de muchos movimientos sociales y de una contrarrevolución en el mundo, como la Primavera de Praga, los movimientos de resistencia contra la guerra en Vietnam, la aparición de los movimientos de mujeres, el boom literario, entre otros.

La apertura del evento se dio con la ponencia “Estudiantes, política y represión. Lugares de memoria del 68 mexicano”. La invitada fue Eugenia Allier Montaño, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; Doctora (Ph.D.) en Historia de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París (Francia).

En 1968, México vivió un proceso particular. Previo a la realización de los Juegos Olímpicos, en el país se vivía un ambiente tenso. El presidente de la nación, Gustavo Díaz Ordaz, consideraba que toda manifestación y protesta tenía un interés de boicot hacia la realización de estas justas deportivas. México era el primer país de habla hispana en organizar este evento y la inversión que se realizó lo iba a llevar hacia la modernidad, además de impulsar el desarrollo económico.

En ese ambiente de represión, el 22 de julio de 1968 la policía reprimió una riña entre estudiantes del Instituto Politécnico Nacional y la preparatoria particular Isaac Ochoterena, incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México – UNAM. En este acto resultaron heridos profesores y alumnos, lo que llevó que una huelga indefinida en esta institución y que además suscitó la solidaridad de los estudiantes de otras instituciones, que pedían y demandaban la excarcelación de los estudiantes detenidos así como indemnización a los lesionados.

En una de esas protestas, el ejército irrumpió la Escuela Nacional Preparatoria 1, con un bazucazo destruyó la puerta, para así iniciar la presencia militar en el conflicto, autorizada por el presidente Díaz Ordaz. Esto conllevó a que el entonces rector de la UNAM Javier Barros Sierra señalara: “hoy es un día de luto para la universidad; la autonomía está amenazada gravemente”.

En un pliego, los estudiantes solicitaban la libertad de todos los presos políticos, la derogación del artículo 145 del Código Penal Federal, así como una indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto.

El artículo 145 comprendía la tipificación del delito de disolución social, que permitía reprimir cualquier muestra de descontento.

En el gobierno mexicano se había creado la idea de la conjura, es decir, que había un interés del partido comunista para para boicotear la realización de los Juegos Olímpicos.

El 2 de octubre los estudiantes realizaron en Tlatelolco un mitin protestando por la ocupación de la ciudad universitaria por parte del ejército en septiembre de 1968. Este acto de protesta fue reprimido de forma violenta por el Estado mexicano, lo que significó un golpe definitivo al movimiento estudiantil, que marcó su final hacia diciembre de ese año.

Los hechos que ocurrieron ese día son recordados como la “Matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco”, cuando varios miembros del ejército abrieron fuego contra los manifestantes y militares presentes en este lugar. Los militares reaccionaron a esto, creyendo que eran agredidos por los estudiantes, lo que llevó a un fuego cruzado en el cual quedaron atrapadas muchas personas de la sociedad civil. Algunos se escondieron en los edificios aledaños. Sin embargo, el ejército irrumpió en estos lugares para capturar a los manifestantes.

No hay una cifra exacta de cuántos muertos hubo ese día. La cifra oficial que se manejó en su momento era de 30 muertos, pero otras fuentes señalaban que esa cifra ascendía a 500. Los muertos no sólo fueron estudiantes, también hubo amas de casa, trabajadores, militares y habitantes de la zona.

La mayoría de los detenidos fueron liberados en los primeros siete días; dos meses después en la cárcel de Lecumberri aún continuaban retenidos más de 200 personas, liberadas para navidad.

En la actualidad, el Archivo General de la Nación funciona en Lecumberri. La plaza de Tlatelolco se ha ligado a la tragedia y se ha dado una apropiación de este espacio como un lugar para la protesta y la denuncia.

Fuente: Agencia de Noticias Univalle

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