El parque de las Garzas, en memoria del vuelo 965

El accidente de un avión de American Airlines en diciembre de 1995 dio un origen a un sitio mágico en Cali. Allí se recuerda a las víctimas en medio de la paz que brinda la naturaleza.

Foto Carolina Palechor

Por Carolina Palechor
Estudiante de Comunicación PUJ-Cali
Especial para CBN

El 20 de diciembre de 1995, 163 familias vivieron la peor Navidad de sus vidas. El vuelo 965 de American Airlines, que cubría la ruta entre Miami y Cali, se estrelló ese día en zona rural de Buga.

Por iniciativa de los familiares de las víctimas de este trágico accidente, y contando con el apoyo del Dagma, la CVC y el Colegio Bolívar, nació el Ecoparque de las Garzas, un lugar de mucha tranquilidad rodeado de la naturaleza y muchas garzas que se ubican en un ramal sobre el lago que acompaña el parque.

Foto Carolina Palechor

Este lugar, antes de convertirse en un maravilloso encuentro entre flora y fauna, era un potrero solitario. A partir del año 1996  todo comenzó a cambiar. Se realizaron labores de limpieza y recuperación y el parque comenzó a tomar forma. Se sembraron 400 arboles en memoria de las personas fallecidas en el accidente. 

Este lugar esta abierto a todo el público. Hace posible compartir momentos agradables y aunque el motivo para la construcción de este lugar no fue algo necesariamente bello, ahí se conmemorará por siempre las víctimas de ese fatal accidente con la vida y alegría que brindan la naturaleza y los animales que lo habitan. 

Este espacio me permitió vivir un momento especial y fue así que un día como cualquier otro, saliendo de la universidad después de una larga jornada académica, una persona muy especial para mí, me escribió y me invitó al Ecoparque de las Garzas. Inmediatamente acepté, pues no conocía este lugar. Al llegar, mis ojos observaron la magnitud de flora y sentí mucha tranquilidad y felicidad al saber que espacios como estos  están y cerca de mí. 

Foto Carolina Palechor

Iniciamos la caminata. Mis oídos escuchaban muchos sonidos de animales y mi mente solo se relajaba con tales cánticos. Mis piernas no se cansaban de caminar y tan solo disfrutaban de la tierra, palos, hojas y el agua que en el recorrido se encontraban. Mis pulmones respiraban aire limpio, fresco. Realmente era diferente.

No podía tampoco dejar a un lado esa compañía con la que me encontraba. Sabía que ambos amábamos ese ambiente y decidí tomarlo de la mano y entablar una conversación acerca de la vida que hasta ahora habíamos construido. Me sentía feliz, tranquila, con mi corazón lleno de regocijo. Después de unos minutos de estar caminando, no se que sucedió y tropecé con un palo que en medio del camino se encontraba y justo caí en un barro formado por la lluvia de la noche anterior. Todo se convirtió en risas y burlas. Estaba toda sucia y no sabia como saldría de ese lugar y mucho menos como no ensuciaría el carro en el que me transportaba. 

Sucedió todo muy rápido y a pesar del percance, seguí disfrutando hasta terminar todo mi recorrido. Pude vivir y conocer nuevos momentos en ese lugar, que me permitieron contarle a mis allegados de lo hermoso que es cuidar y ser parte de un mundo donde todavía existe amor por la flora y la fauna, pero también se recuerda a personas que hicieron parte de este mundo. 

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