Una marca de libertad en la piel

Una experiencia contada por su protagonista. Sucedió el día en que Colombia elegía el Congreso de la República. Lo curioso es que no tiene nada que ver con política, pero sí con la libertad.

Por Jennifer Andrea Vasco Romero
Estudiante de Comunicación PUJ-Cali
Especial para Cali Buenas Notiicias

El día 11 de marzo de 2018, mientras todo el mundo participaba de la jornada de votación, yo me estaba haciendo mi primer tatuaje.

La atmósfera del lugar era fresca y tranquila. Mientras esperaba acostada en la camilla, el artista armaba la máquina con el cartucho de 5 agujas que atravesarían mi piel, en tan solo un momento. Él se movía de un lado para otro organizando todo, al ritmo del metal que sonaba en el computador de escritorio. Al principio, la música me pareció algo fuerte, pero a medida que transcurría el tiempo, se convirtió en la anestesia perfecta para mitigar el dolor. 

Foto Jennifer Andrea Vasco Romero

Empezaré por contar cómo inició este fin de semana, que se convirtió en uno bastante diferente a los que habitualmente paso en Darién. Pues el sábado 10 de marzo, me encontraba a las seis de la tarde sentada en la sala de espera de la clínica odontológica Villadent, como cada mes para mi control de ortodoncia. Generalmente asisto sola y espero en el mismo sillón blanco que está contra la pared del consultorio, en frente del televisor suspendido en la pared y permanezco en silencio, mirando la pantalla de mi celular o los programas de cocina que se transmiten siempre a esa hora en H&H, canal que siempre se presenta en la pantalla.

Hubo algo que ese día en particular no sucedió de la misma manera , pues en lugar de volver sola a casa, mi mejor amigo llegó a recogerme, en su Honda color azul, la cual tiene hace unos pocos meses. No nos dirigimos directamente a casa, así que decidimos dar una vuelta. Íbamos hablando mientras él conducía, cruzando el parque y dirigiéndonos hacia la estación de gasolina. Cuando subíamos por la tercera cuadra un letrero llamó mi atención en medio de las coloridas fachadas. Era el letrero de un estudio de tatuajes. 

Como mi amigo iba conduciendo a 60 kilómetros por hora, solo alcancé a decir, que se detuviera en la siguiente cuadra, yo no esperaba que él regresara. Sin embargo, regresó por la siguiente cuadra y lo que pensé que sería una simple visita se convirtió en un agradable reencuentro.

Hace tres años había en Darién un estudio de tatuajes en un pequeño lugar atendido por un joven que diariamente marcaba la piel de los colegiales con su arte. Era el ídolo los jóvenes y la pesadilla de los padres.

Lo conocí cuando uno de mis amigos decidió hacerse un tatuaje en el lado derecho de la cavidad pélvica. Ese día fuimos un grupo de cuatro a acompañarlo y vimos cómo se realizaba casi todo el diseño, un árbol con largas ramas en acuarelas.

Yo me encontraba en noveno grado y desde ese día conocí a Freddy y me causaba mucha curiosidad su trabajo. Así que algunas tardes después de las clases, iba a verlo trabajar o a hablar de sus experiencias y de cómo a los once años realizó su primer tatuaje y en ese momento, con 30 años, seguía siendo no solo su forma de ganarse la vida, sino una pasión. Lo conocí por algún tiempo, hasta que el estudio cerró porque no tenía las condiciones adecuadas para continuar en funcionamiento.

Desde los 15 años pensé en hacerme un tatuaje, algo que tuviera un significado importante. Sin embargo, mis padres nunca me lo permitieron y como menor de edad tenía que presentar un permiso firmado. Debido a que no conseguí que cambiaran de opinión, olvidé este deseo por algún tiempo.

Hasta aquel 10 de marzo pasado, cuando deslicé la puerta del estudio y detrás del escritorio vi a Freddy, me dio mucha alegría encontrar a un viejo amigo. Como estaba terminando de atender un cliente, solo me saludo diciendo: “Andreita la morenita, espérame un momento, ya hablamos” . 

Mientras tanto, yo observaba los detalles del lugar. En las vitrinas había encendedores con diseños, pipas, piercings y otros elementos bien organizados. En la pared habían algunos cuadros, un reloj y un escaparate donde colgaban nueve camisetas negras con estampados de figuras como calaveras y símbolos de bandas de Rock and roll y Metal, de las cuales solo reconocí el de la banda de Hard Rock, Guns N Roses, porque es mi favorita. 

Cuando su cliente salió, Freddy me abrazó y parecía como si el tiempo no hubiera pasado. Tenía un jean y una camiseta negra con estampado, como de costumbre. Le presenté a mi amigo y le pregunté si estaba ocupado, pues lo primero que deseé en ese momento fue que mi primer tatuaje fuera hecho por sus manos. 

Nos demoramos hablando de todo lo que habíamos hecho estos años, así que se hicieron las nueve de la noche y debido a que la desinfección del lugar, la realización del molde y la preparación de todo lo necesario, toma aproximadamente dos horas, no alcanzamos a tatuar esa misma noche. Así que le mostré lo que quería y agendamos para el siguiente día a las diez de la mañana. Mi acompañante me miró y me dijo: “Tus padres te van a matar”, pero realmente hay ocasiones en la vida en que no es necesario pararse a reflexionar.

Al día siguiente, todo el mundo hablaba de las votaciones y se preparaban para buscar la mesa correspondiente. Mi madre me dijo que a las dos de la tarde saldríamos de casa para votar y después de esto tomar un bus para regresar a Cali. Sin embargo Jonathan, mi mejor amigo, me recogió a las diez de la mañana según lo pactado con Freddy. Cuando mi mamá lo saludó y le preguntó a dónde íbamos, él solo le contestó:  “Señora, se la devuelvo más tarde”, yo lo miré y sonreí, con algo de culpa. 

Cuando llegamos, me acosté en la camilla e imaginaba el dolor, mientras el reloj de calavera que colgaba en la pared giraba sin descanso. Cada dolor es diferente, tatuarse, es un dolor que se desea y que se disfruta a cada momento. 

Foto Jennifer Andrea Vasco Romero

Finalmente, el artista inicio su trabajo. Cuando empezó demarcando las letras, el cartucho lleva una sola aguja y el dolor era apacible, quemaba, pero se sentía bastante bien. Sin embargo, para la sombra usa un cartucho de cinco agujas que hacen que lo único que puedas pensar sea en el dolor que estás sintiendo.

Había algo entonces, que logró disipar esa sensación, pues además de apretar la mano de mi acompañante, empecé a mirar a mi alrededor y a detallar cada elemento, las camisetas, los cuadros y las expresiones del artista.

La observación, se mezcló con la música, cuando en una de las reproducciones reconocí la canción Civil War de Guns N Roses, como ya lo he mencionado antes, esta es mi banda favorita. 

Me llamó principalmente la atención, que hay formas en las que realmente es posible huir de la realidad, para fantasear y disfrutar el dolor al ritmo del rock. Pues a la una y media de la tarde, mi piel estaba marcada por una figura que me recordara que siempre hay lugar para nuevos comienzos.

Mi tatuaje es una hoja de Arce con la palabra “Remember” y cuando lo miro recuerdo toda la mezcla de sentimientos que cruzaron por mi ese día. Caminé en medio de las personas que ese día votaron. Yo hice también mi elección: quería un tatuaje. 

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