Capacitación y centros de acopio regionales reducirían pérdidas de plátano

Los productores deben aprender buenas prácticas agrícolas, entre ellas el cumplimiento de la normatividad de sanidad; los transportadores deben aprender a manipular la carga de manera adecuada; los mayoristas a monitorear la calidad, y los minoristas a rotar y almacenar bien el producto, entre otros aspectos.

Foto Unimedios

Catherine Ballesteros, magíster en Ingeniería Industrial de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) e integrante del Grupo de investigación Sociedad, Economía y Productividad (SEPRO), desarrolló un estudio de caso en la cadena de suministro de plátano en el departamento de Cundinamarca, en el marco del proyecto “Corredor Tecnológico Agroindustrial – Derivado 2”, con el fin de proponer estrategias que redujeran las pérdidas de este producto.

En una investigación adelantada por la magíster los mayoristas señalaron que, solo en el proceso de distribución o venta del plátano, se alcanzan pérdidas de hasta el 5 %, básicamente por su manipulación (45 %), maduración (33 %) y golpes (22 %), mientras que el 91 % de los minoristas manifiestan tener pérdidas de hasta un 10 % en ese mismo proceso.

Las pérdidas también se presentan en la producción y el transporte del plátano a los centros de acopio y plazas del municipio, y a la Central de Abastos de Bogotá, Corabastos.

Para contrarrestar las pérdidas y desperdicios de este producto, la investigadora propone cinco estrategias que contemplan: capacitación, infraestructura, tecnologías, normatividad y financiación. De estas, desarrolló las dos primeras.

“Se identificó que era importante la capacitación para productores, transportadores, mayoristas y minoristas, para la mejora del desarrollo de sus operaciones logísticas. Por eso, una de las estrategias planteadas para aminorar las pérdidas del producto es la realización de talleres con contenidos integrales que atiendan las necesidades e integran la red de suministro de este producto”, explica la investigadora.

Por ejemplo, en el caso de los productores se deben enseñar buenas prácticas agrícolas, que implican el cumplimiento de la normatividad relacionada con sanidad y control de peligros que afecten la producción y prevenga posibles enfermedades y daños al producto por plagas.

Para los transportadores se requieren talleres de manipulación adecuada de los productos en el cargue y descargue. En el caso de los mayoristas es necesario capacitar, implementar y monitorear la aplicación de las buenas prácticas y sistemas de calidad.

Así mismo, orientar a los minoristas en la planeación de compra dependiendo de la demanda del producto, el control de rotación del producto en el establecimiento de venta, el almacenamiento, las estrategias de venta y la donación del producto a bancos de alimentos.

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La investigadora señala que las capacitaciones deberían ser financiadas en un 75 % por el Gobierno, un 20 % por el gremio, ya sea de productores y transportadores de alimentos, entre otros, y un 5 % por quienes las reciben, de manera tal que gran parte o preferiblemente todos los actores estén involucrados.

Centros de acopio regionales

Con respecto a la infraestructura, la magíster propone un modelo matemático que localiza e identifica el modo en que los centros de acopio regionales impactan de manera directa en las perdidas y desperdicios de alimentos.

“Bajo ciertas condiciones en las que se definen criterios de transporte, empaque y embalaje del producto y otros factores como asociatividad, el modelo matemático demuestra el impacto que tiene la construcción de centros de acopio regionales en los niveles de pérdidas de productos. Asimismo, permite evaluar el comportamiento de los costos en relación a las pérdidas de productos”, explica la investigadora.

De igual manera, señala que al instalar centros de acopio regionales se mejoran los procesos de acondicionamiento y de transporte del producto; también se fortalecen las acciones de asociatividad entre productores, que a su vez trabajan en el mejoramiento del empaque, que debería ser en todos los casos una canastilla plástica para reducir las afectaciones que pueda generar la manipulación y el traslado del producto de un lugar a otro.

Finalmente, la recomendación es que la academia, el sector público y privado, y la sociedad civil “creen iniciativas dirigidas a la investigación y el desarrollo de estrategias que apunten a la prevención y reducción de la pérdida de alimentos”.

Fuente Unimedios Por: fin/DGH/dmh/VPA

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