Oficio de reportero gráfico en la galería de Tuluá

Instantáneas de un día de mercado en Tuluá tomadas por el estudiante de Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Juan Diego Caicedo Holguín. Detrás de las imágenes se esconden varias historias.

Foto Juan Diego Caicedo Holguín

Por Juan Diego Caicedo Holguín
Estudiante de Comunicación PUJ-Cali
Especial para CBN

Es normal que los sábados me despierte y acompañe a mi papá al centro de Tuluá a buscar cosas para el almuerzo, algo del mercado o cualquier cosa que se necesite en casa. Yo siempre paso por la galería en plan de mero observador, por encimita y sin detalle; pero ese día tuve que bajarme con mi papá para ayudarle a cargar las compras. Aproveché y tomé unas cuantas fotografías del lugar.

Ese olor a fruta podrida, pescado colgado de ganchos y las prostitutas  sólo a un par de metros de la comida que muchos consumimos, son cosas que nunca me tomé el tiempo de detallar. Mi papá sabe muy bien que mi pudor por algunas cosas es, aunque me parezca súper ridículo, muy notorio en mis expresiones faciales. Sin embargo yo divisaba el panorama y no decía nada. Era muy pintoresco mirar al cielo y ver los balcones de las casas antiguas que alguna vez fueron las bellezas más grandes del pueblo.

La entrada al pabellón de carnes era la misma desde la creación de la Galería y los jeeps que se hacían a un lado del parque eran conducidos por los mismos campesinos desde hace ya más de 20 años. Ese sentimiento tan colombiano es algo que sólo una galería nos puede dar, el estar en un espacio que por muchas generaciones ha disfrutado mi familia es algo que aumenta el sentido de pertenecía por mis raíces. 

Foto Juan Diego Caicedo Holguín

Ese señor que arregla bicicletas desde hace tantos años y se mantiene vigente en el mismo punto por simple necesidad es la prueba de que no hay vejez que nos impida trabajar. Mi papá dice que el hombre de las bicicletas está ahí desde que él era un niño. Su rostro refleja como el paso de los años no le ha sentado muy bien. La melancolía de su mirada fría y lo poco que hablaba me hizo saber que el hombre de cierta manera, no deseaba estar ahí.

Una visita por este espacio nos da una visión realista de como las personas se pueden ganar la vida desde lo más pequeño. Si nos detenemos en cada esquinas podemos ver los vendedores de tomate y mango que ofrecen sus productos con mucha insistencia, sin la intención de molestar a nadie, pero con la visión de llevar un sustento honrado a sus hogares. La imagen del reciclador con su carreta cantando al son de las canciones del maestro Jairo Varela, con una expresión de cansancio en su rostro. 

Cuando le digo “oiga, me permite una foto”, el tipo posa de la manera más adecuada para la ocasión y se sienta sobre la carreta. El color de las frutas me recuerda a mi infancia en la finca de mi tío. Las personas labrando la tierra, la voz de la mujer que grita “¡tamales!” son algunas cosas que fuera de Colombia, poco, realmente poco se ven.

Muy limitada información tengo sobre la galería, la realidad es que en mi mente no hay recuerdos claros del lugar cuando era pequeño. Pero la fuente más pertinente es una mujer que ha vivido gran parte de su vida en Tuluá y que, aunque no es originaria de ahí, ha vivido sus cambios con los años. Mi abuela es una mujer de temple, criada a la antigua, pero con un gran corazón. 

Ella me cuenta que por allá en los 50 era muy común ir a los puestos del mercado y comprar todo lo de la semana. su madre era dueña de un restaurante y la galería le ayudaba a conseguir buenos productos y precios en los ingredientes de sus platillos. El sonido del pito del ferrocarril era algo peculiarmente divertido para mi abuela. Ella insiste en que el Tuluá de ese tiempo no es  nada parecido al de hoy. 

Volviendo a mi experiencia en la Galería, puedo precisar que aunque para muchos este espacio es sinónimo de algo degradante, realmente es un espacio cultural muy ameno, con personas muy amables y comida muy rica. Porque no puedo dejar de nombrar a la gastronomía del lugar, desde el caldo de pajarilla hasta el aborrajado. Todas las delicias del Valle son ofrecidas a propios y ajenos.

Foto Juan Diego Caicedo Holguín

Me paré frente a una vendedora de pescado a tomar una foto y esta me exclamó: ¿Qué hace joven? yo le expliqué que para un trabajo de la universidad, debía tomarle fotografías. Entonces se empezó a apenar y lanzó una sonrisa que pude captar en el instante. Es muy lindo este contraste de espacio y personas. Creemos que el dinero lo es todo, cuando en realidad la gente es feliz sólo con su trabajo honrado y bien hecho.

Seguí caminando, la gente me empezaba a mirar raro porque llevaba la cámara en la mano.  Algunos se tapaban y otros se reían.  Muchos pensaron que venía de la alcaldía y que tomaba fotos como evidencia para quitarles sus puestos. No entendí porque esto podría pasar. Mi papá me explicó que pronto se va a inaugurar un centro comercial que va a servir de reemplazo al espacio que por muchos años ha sido la plaza de mercado del municipio.

Ya sabemos los muchos beneficios que tiene este espacio, pero la alcaldía no pretende quitarlo por simple capricho. Muchas personas que están el la galería viven situaciones de extrema pobreza y brindarles una estabilidad mayor a través de un espacio como el nuevo centro comercial es algo muy positivo. Se pretende además erradicar el crimen organizado y las ventas de drogas que diariamente empañan la identidad de este espacio.

Si miro a un lado del parque me doy cuenta que entre los vendedores de verdura se esconden los drogadictos, los traficantes, los estafadores e incluso burdeles. Las personas que trabajan en la galería deben convivir con gente que nada tiene que ver con ellos. Contrastes de Tuluá, de Colombia, del mundo, de la vida…

Juan Diego Caicedo Holguín

One Response to "Oficio de reportero gráfico en la galería de Tuluá"

  1. Mariana Barahona   abril 4, 2018 at 3:00 am

    Excelente reporte, aún siendo Tulueña jamás me había detenido a observar cómo se vive y se trabaja en la galería de mi ciudad, son estas clases de artículos que nos ayudan a tener una visión mucho más amplia de nuestro entorno social.

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