Un viaje para conocer a Stephen Hawking

El corresponsal de CBN en Europa, Daniel Manrique Castaño, narra la historia de lo que hizo para conocer al científico más grande de los últimos tiempos.

Stephen Hawking durante su videoconferencia en Noruega en 2017 /Foto Daniel Manrique Castaño

Por Daniel Manrique Castaño
Corresponsal de CBN en Europa

Stephen Hawking es tal vez el primer científico del que tengo memoria. Cuando era niño me encantaba ver programas de ciencia en televisión. Tal vez por su condición médica, era difícil de que Hawking pasara desapercibido entre los cientos de científicos que aparecen ante las cámaras haciéndonos soñar y reflexionar sobre el universo.  Hace un poco más de una década, conocer el universo se convirtió en una de mis pasiones. Y fue precisamente, Historia del Tiempo, uno de mis primeros viajes a través del cosmos. Esta obra salió a la luz precisamente el año en el que yo nací 1988, y además de ser su primera obra dirigida al público, es también el texto que le dio la bien merecida fama a Stephen Hawking.

En Historia del Tiempo, el físico británico elabora algunas ideas sobre los agujeros negros. Si bien estos objetos son en la actualidad un amplio campo de investigación en el área de la astrofísica, en la década de los 80 muchos expertos no estaban completamente convencidos de la existencia de estos cuerpos celestes propuestos por Subrahmanyan Chandrasekhar en la década de los 30.

Desde entonces, a Hawking se le relaciona con los agujeros negros, aunque este no fue su único objeto de indagación. Son innumerables los complejos aspectos que rodean la investigación de los agujeros negros, pero de la mano de Hawking aprendí a reflexionar sobre la maleabilidad del tiempo y del espacio cada vez que pensaba en un agujero negro.

La película Interestelar (2014), dirigida por Christopher Nolan nos muestra la manera en que un agujero negro juega con el espacio y con el tiempo, que para nosotros parecen tan reales. Recuerde aquella escena en la que los astronautas estuvieron un par de horas en un planeta cerca a un agujero negro, y cuando regresaron a la nave el tripulante que los esperaba les dijo “llevo esperándolos 20 años”. ¿No es desconcertante?

By NASA – Original. Source (StarChild Learning Center). Directory listing., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1657641

Con los agujeros negros e Historia del Tiempo, Hawking se convirtió en uno de mis referentes e inspiró gran parte de los esfuerzos que realizo hoy como divulgador de la ciencia. Después de historia del tiempo Hawking me inspiró con otras de sus obras. La última que pasó por mis manos fue el Gran Diseño, en la que junto con Leonard Mlodinow, Hawking nos explica cómo el universo pudo haber salido de la nada. Precisamente, sus ideas sobre el origen del universo permearon en buena medida los medios de comunicación. Durante la última década, con cada conferencia que daba Hawking, podría leerse una y otra vez en los titulares de la prensa “Hawking afirma que Dios no existe” o “Hawking afirma que el universo puede crearse sin un Dios”. Tenía sus razones y los argumentos para creerlo así, por su puesto.

Como cualquier admirador, siempre tuve la esperanza de conocer al físico británico. Para un colombiano promedio, el sueño parece algo imposible, aunque las cosas se fueron dando poco a poco para poder imaginar que conocer a Hawking podía ser una realidad. En Colombia conseguí una foto y un autógrafo de Rodolfo Llinás, y después me colé a una rueda de prensa en el Centro de Eventos Valle del Pacífico, en Cali, para conseguir que Michio Kaku firmara uno de los libros que tengo de él. Si había conocido a Kaku, ¿Por qué no a Hawking? Mientras realizaba estudios doctorales en Alemania vi la oportunidad de hacer mi sueño realidad. En alguna de esas noches en las que Internet lo lleva a uno por caminos inesperados me topé con una perla. Entre el 18 y 23 de junio de 2017 se llevaría a cabo el festival de ciencia Starmus IV en Trondheim, Noruega, donde participaría Stephen Hawking con una conferencia. Compré el boleto de inmediato. Incluso llegué a pensar en llevar uno de sus libros para que me lo firmara, después de unos minutos me di cuenta que esto no era posible… Una foto sería suficiente.

Starmus IV es el evento científico más espectacular en el que he estado. No solo estaría Hawking, sino otras celebridades como Neil de Grasse Tyson, Brian Greene, Brian Cox, 11 premios Nobel y otras personalidades. Llevaba el libro que yo mismo escribí un año antes Fundamentos de Cosmología, la Ciencia del Universo, para plasmar en él las firmas de las personas sobre las que hablaba en mi libro: Robert Wilson, el descubridor de la radiación cósmica de fondo, y Adam Riess, el descubridor de la expansión acelerada del universo, ambos galardonados con el Premio Nobel de Física. Recuerdo que no podía de la emoción. Sin embargo, cuando llegamos al evento, nos informaron que el profesor Hawking no podía asistir al festival por motivos de salud, pero que iba a dar una conferencia en vivo. Me sentí desilusionado, pero cualquier persona entiende la circunstancia. No conocí a Stephen Hawking, pero lo escuché en vivo, siempre con su fino humor. “Mi condición no me ha impedido viajar por el universo. El mejor momento para hacerlo es cuando finges estar escuchando a alguien, mientras en realidad piensas en agujeros negros. Eso es lo que yo hago”, empezó diciendo, el público rio. 

El punto de su conferencia fue que si queríamos sobrevivir como especie, deberíamos salir del planeta Tierra. Un punto de vista interesante y al mismo tiempo desolador. Después, durante su intervención, de Grasse Tyson dijo que no estaba de acuerdo con Hawking. “Si tenemos el dinero y la tecnología para terraformar otro planeta, también tenemos el dinero y la tecnología para hacer que la Tierra vuelva a ser la Tierra”, fue su argumento. El festival terminó y no pude cumplir mi sueño de conocer a Stephen Hawking, a quien, en mi libro, agradezco la inspiración que me brindó para seguir la carrera de divulgador científico.

En la mañana del miércoles me levanté con la noticia de que aquel personaje a quien había visto de niño en la televisión y que me había inspirado a conocer y reflexionar sobre el universo había muerto. Hace un año había estado muy cerca de conocerlo, y sabía que ya no tendría la oportunidad de verlo frente a frente. Sin embargo, a pesar de mi tristeza, quedo con la satisfacción de que lo conocí en el mundo de las letras, de que gracias a él, aún me encuentro en la exploración del cosmos. No sé si Dios existe y si Hawking está con él en algún lugar, no sé si lo conoceré en la otra vida o si reencarnaremos en otra persona. Lo único que sé es que así como provenimos del polvo estelar, los restos de Stephen Hawking, y los míos, cuando llegué el momento, harán parte de otros mundos en este fantástico lugar que llamamos universo.

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