Metodología evalúa presión arterial sin métodos invasivos

Con los valores que muestra un pulsioxímetro –instrumento para medir niveles de oxígeno y frecuencia cardiaca– es posible estimar la fuerza máxima y mínima que debe hacer el corazón para bombear la sangre.

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Entre los primeros beneficiados estarían los pacientes con niveles críticos de hipertensión o a quienes se les practican cirugías de alto riesgo y requieren de constante monitoreo, además de fetos en etapas de gestación intermedias.

La prueba de la metodología contempló la participación de 100 personas, hombres y mujeres entre los 18 y 70 años de edad, con el fin de garantizar la mayor amplitud posible de la muestra.

Puesto que al examinar el estado de salud de una persona se deben tener en cuenta factores como temperatura, presión arterial, ritmo cardíaco y nivel de oxígeno, uno de los principales objetivos de la investigación desarrollada en el Departamento de Mecatrónica de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) fue medir estos parámetros con menos instrumentos.

Considerando que los pulsioxímetros son de uso extendido y su costo en el mercado es muy económico, Sebastián Moreno, entonces estudiante de pregrado, desarrolló un método para obtener los valores equivalentes a la presión arterial a partir de los datos que arroja el aparato.

“Aunque estas mediciones se hacen introduciendo objetos extraños en el cuerpo o con un brazalete, desarrollamos un método para estimar estos valores sin tener que emplear estos dos elementos”, destaca.

Su trabajo de grado fue seleccionado entre los emprendimientos con potencial para escalar a un entorno industrial, en el marco del taller realizado por profesores de la Universidad de Lund el pasado mes de febrero –tinyurl.com/yammlqa8-.

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Al servicio de la medicina

Debido a que valores como el ritmo cardíaco y los niveles de oxígeno podían ser un indicador de la forma y la fuerza con que trabaja el corazón, se consideró la posibilidad de obtener el dato correspondiente a la presión arterial.

“El pulsioxímetro envía un rayo infrarrojo que luego es recogido por un sensor con el que se miden las diferencias en el nivel de oxígeno, junto con las variaciones en la frecuencia del ritmo cardíaco, en la medida que al pasar por el rayo la sangre absorbe parte de la luz”, explica Moreno.

Como al procesar estos datos se crea una gráfica en la que se observa una onda, se buscó determinar características asociadas con la frecuencia y forma, a partir de mediciones hechas en distintas personas durante 30 segundos.

Una vez establecidos los valores, se determinó nueva información a partir de una serie de procedimientos matemáticos en las que se incluyeron variables de edad, sexo, peso y estatura del paciente.

“No es lo mismo bombear sangre a una persona alta que baja, joven o adulta, puesto que el corazón debe hacer más o menos fuerza y además se desgasta con el tiempo”, precisa Moreno, quien llama la atención sobre el hecho de que la presión arterial también difiere entre hombres y mujeres.

Concluida esta fase, los valores se ingresaron en un sistema de clasificación a partir de un algoritmo capaz de seleccionar las características evaluadas, de manera que después pudiera predecirlas para estimar la presión arterial que podrían tener 60 personas de otro grupo que empleara el pulsioxímetro, con el fin de comprobar su funcionalidad.

Como resultado del proceso se encontró que el algoritmo en efecto era capaz de hacer estas predicciones, de manera que puede ofrecer un dato aproximado de la presión arterial que debería tener el paciente.

Luego de un proceso de ajustes a las mediciones y al sistema de clasificación del algoritmo, la metodología desarrollada en la U.N. incluso podría ser escalada al desarrollo de una aplicación digital en la que el sistema enviaría una alerta al médico tratante.

Cortesía Unimedios Por: Fin/JCMG/MLA/LOF

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