La vida que renace más allá del Jarillón

Patricia Viedma Rivera, tiene 48 años y siempre vivió en el barrio Puerto Nuevo, allí al borde del poderoso río Cauca, a su paso por Cali. Su infancia transcurrió en medio de inundaciones y los estragos que el afluente ocasionaba a su paso en cada temporada invernal.

Foto: Alcaldía Cali

Patricia Viedma Rivera, tiene 48 años y siempre vivió en el barrio Puerto Nuevo, allí al borde del poderoso río Cauca, a su paso por Cali. Su infancia transcurrió en medio de inundaciones y los estragos que el afluente ocasionaba a su paso en cada temporada invernal.

Sin embargo, después de cada inundación, luego de superar cada nueva emergencia ella retomaba su vida, sencilla, alegre al lado de su familia y amigos del barrio, que como ella los describe son gente cálida y muy humana.

Su abuelo y padre fueron dueños de la casa donde vivió hasta el año pasado. Con un área construida de 117 mts2, estaba ubicada en la carrera 7T bis #88-60, una de las zonas que hoy se están demoliendo para darle continuidad al reforzamiento del jarillón del río Cauca.

Ella recuerda cuando su padre le contaba que hacía 50 años el río había tomado su rumbo, llevando a la inundación más significativa de la historia de la ciudad, llegando a traspasar fronteras desde Puerto Nuevo hasta la calle 26.

Durante su juventud, ella era testigo del vaivén del río. Unas veces su caudal crecía a niveles riesgosos, pero como ella lo afirma “no creíamos que fuera para tanto”. Solo fue hasta aquel 2010, cuando toda su cuadra fue azotada por la ola invernal y perdió parte de sus pertenencias por los fuertes y largos aguaceros, Patricia empezó a sentir cada vez más cerca el peligro de vivir a orillas del poderoso Cauca.

Sin embargo, pudo más su escepticismo y su arraigo a Puerto Nuevo y volvió a levantar su casa, a arreglar los daños que la temporada de lluvias le había dejado y a recomenzar lo que para ella sería su ideal de vida, en inmediaciones del jarillón, confiada de que nada malo podía pasarle.

Comenta que los últimos años fueron los más difíciles, ya que las inundaciones eran el pan de cada día, pues “vivir allí fue se convirtió en una angustia constante. El solo hecho pensar en qué momento el agua iba a volver a tocar mis pies y con la mortificación de pensar que mi casa se la iba a llevar el río, se me acabó la tranquilidad”.

Fue así, como luego de pensarlo mucho y dejar atrás viejos apegos, Patricia reaccionó y decidió negociar con la Secretaría de Vivienda la venta de su casa. El detonante definitivo, lo reconoce, fue la voz e su hija, quien un día ante la angustia le dijo “¿hasta cuándo mamá tendremos que seguir viviendo lo mismo?”.

Ahora Patricia y su familia viven en Yumbo y asegura que los cambios son buenos y por más duro que sean, tiene la certeza de que no volverá a sentir temor al imaginarse en qué momento el Cauca vuelve a salirse de su cauce y ocasione un tragedia.

“Hoy le doy gracias al alcalde Armitage que se ha empeñado en sacar este proyecto adelante. Nadie dijo que iba a ser fácil pero se que a partir de esta nueva vida lejos del jarillón empezaré una historia diferente”.

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