El duende de la marimba espantó al fantasma de la violencia

Los vecinos del sector de Bajo Firme, en Buenaventura, nunca se imaginaron que el horror de la guerra pudiera convivir cerca de ellos. Mucho menos pensaron que algún día, la cuadra donde siempre se escucharon los sonidos de una marimba, se convertiría en la frontera que separaría el bien del mal. Pero, así fue.

Los vecinos del sector de Bajo Firme, en Buenaventura, nunca se imaginaron que el horror de la guerra pudiera convivir cerca de ellos. Mucho menos pensaron que algún día, la cuadra donde siempre se escucharon los sonidos de una marimba, se convertiría en la frontera que separaría el bien del mal. Pero, así fue.

El maestro Baudilio Cuama, considerado por el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, el mejor marimbero de Colombia, y quien durante el  desarrollo de la vigésimo segunda versión del evento, será  el gran homenajeado, con su toque ancestral de marimba le dio vida y un sonido particular a la calle Piedras Cantan.

Con el embrujo de sus notas musicales “hechizó” a 60 jóvenes del río Naya, Yurumanguí, La Bocana, Juanchaco y los cuatro barrios más difíciles de Buenaventura en la comuna 12, para que dejaran las armas y se dedicaran a construir bombos, cununos, guasás y marimbas en su taller.

“Los muchachos me hicieron caso. Cambiaron las granadas y los fusiles por instrumentos musicales y les enseñé a tocar los primeros acordes de ese patrimonio inmaterial de la humanidad llamado marimba. Pese a las amenazas, persistí. Me alcanzaron a matar dos hijos, pero le dije a las autoridades y a los bandidos que así acabaran conmigo, yo no me iba a ir de mi barrio y no dejaría de enseñar mi música a los muchachos que estaban en riesgo”, expresó Baudilio.

“Al poco tiempo ya estaba con la escuela taller. A través de ella salvé a miles de niños y jóvenes de la guerra, pues yo había llorado dos hijos y cientos de madres habían llorado los de ellas, por lo que decidí, que en mi barrio, nadie iba a llorar una desgracia más”, agregó el maestro.

El milagro lo hizo un xilófono de madera de palma equipado con tubos resonadores de guadua, llamado el piano de la selva, cuyo toque se acompaña con bombo, cununo y guasá, el cual Baudilio aprendió a tocar desde que tenía ocho años. Hoy, a sus 70, recuerda que su padre le compró a Eugenio Montaño, de Guapi, una marimba de 3/8 y 24 chontas, y fue, en esa reliquia, que él aprendió a tocar.

Cuenta que como era tan niño, su padre le dijo que para aprender a tocar tenía que irse para la selva con la marimba, hacerla sonar para registrarla en la manigua, dejar los tacos encima y dormir debajo de ella para que a las doce de la noche llegara el duende y le enseñara.

Por temor, no se fue para el monte, sino que subió la marimba al tambo de paja donde vivían y se acostó en unos petates a dos metros del instrumento. A la una de la mañana tuvo una pesadilla: vio al duende coger los tacos y tocar. A pesar de que el duende ya se había ido, no se pudo levantar del miedo, sino hasta las cinco de la mañana, cuando cantó el gallo. Cogió los tacos y como poseído, empezó a tocar lo que recordaba.

Eso fue un 15 de diciembre de 1957. Desde ese entonces, cuenta Buadilio, supo que la música del pacífico macaría el resto de los compases de su vida, idea que se reforzó cuando comenzó a ser reconocido, y  gracias a su talento, llamado a participar en las agrupaciones de Mercedes Montaño, Teófilo Potes, Gregorito Rivas y Guillermo Yusti, quienes hicieron posible que la marimba subiera a los grandes escenarios.

Lleva 62 años en la música. Y así como de sus 13 hermanos, él fue el destacado en la marimba. Ha logrado que sus hijos Alí, Jefferson y Eloy continúen con la tradición. Ellos ya han participado de en el Festival Petronio Álvarez y han salido ganadores.

“Le agradezco a la Alcaldía de Cali y a la Secretaría de Cultura por este reconocimiento que me van a hacer en el Petronio Álvarez, a mis 70 años. Me siento orgulloso y agradecido porque sé que he trabajado por el bien de la humanidad y eso se me reconoce ahora después de estar construyendo y enseñando para que la música del pacífico continúe viva. A mí me transmitieron el saber, yo lo transmito a mis hijos y Dios quiera que ellos hagan lo mismo con mis nietos”, manifestó Baudilio Cuama, visiblemente emocionado.

Foto: Alcaldía Cali

Fuente: Alcaldía Cali/ William López Arango

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