La memoria rota en Armero

La estudiante de Psicología de la Universidad del Valle, Tania Jaramillo, estuvo en Armero y por su mente desfilaron imágenes narradas de una tragedia de hace más de 30 años.

Foto Tania Jaramillo

“Pero Armero vive a pesar del olvido”, Víctor Hernán Cubillos (2004).

Por Tania Jaramillo Gil
Estudiante de Psicología Univalle
Especial para CBN

Mil preguntas surgían dentro de mí mientras el carro se adentraba en las calles de Armero: ¿Cómo pudo haberse sentido el barro caliente? ¿Cuántas familias rogaron a Dios? ¿Qué hubiera hecho yo, si estuviera allí? ¿Estaría viva para recordarlo?…

El carro se parqueó por el parque principal y todos bajamos. Nos detuvimos a mirar alrededor. Noté que no había señal y que no, no había sentido el aire abrumador y triste que sentía en ocasiones anteriores cuando veía el pueblo fantasmal al pasar por la carretera. Solo vivencié calor, mucho calor, y un deseo impresionante de comerme un helado, así que lo compré. Justo frente a mí había vendedores de todo tipo de galguerías. “El cementerio más grande que he conocido, y con una gran lista de productos a la venta”, pensé.

Me dirigí hacía una tumba que tenía una frase que generó grandes reflexiones en mí: víctimas inocentes de la furia de la naturaleza y de la indiferencia del estado. Sugerí para mis adentros que tal vez esta indiferencia también era algo “natural” y seguí recorriendo el lugar… Era un Armero florecido y rodeado de personas curiosas que observaban las tumbas interminables del pueblo. Por mi mente pasaban ideas de cómo pudo haber sido la vida allí…Escuchaba el recuerdo de mi abuelo cuando piscinió en aquel lugar recién casado e iba terminando de dibujar las huellas de infraestructura que quedaron por ahí.

No sé cuántas horas caminé, ni cuantas frases de tumbas leí, solo sé que a medida que recorría aquel lugar, una tristeza me invadía, y no precisamente por la tragedia acontecida, era por ver lo que ahora era: un sitio turístico inundado de basura, tumbas, y muchos árboles. ¿Así se arma la memoria histórica?.

Antes de irme, decidí ir hacía un lugar del que todos hablaban cada aniversario: la tumba de Omaira. Llegar allí me hizo pensar en la necesidad de las personas de aferrarse a algo y de ver milagros, de crear dioses y pequeños altares. Omaira era una de esas víctimas de la religiosidad. Su tumba, rodeada de muñecos, agradecimientos, velas, rosarios, y tiendas donde vendían los vídeos de sus últimos días, representó para mí una causa de incomodidad.

 Mil preguntas surgían, todas nuevas: ¿será posible recordar sin idealizarlo todo? ¿Será posible recordar y conmemorar lo que fue Armero sin el morbo? Armero florece de nuevo, será que lo dejaremos, humanos, ¿florecer? O volveremos de este campo santo un sitio turístico donde cada vez hay más opciones de artesanías bonitas. ¿Realmente estamos recordando a Armero y sus víctimas?

Fotos Tania Jaramillo

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2 Responses to "La memoria rota en Armero"

  1. Etna Ximena Velez   enero 29, 2018 at 7:46 pm

    Qué buena reflexión, tanta sensibilidad y realidad junta.

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  2. Jaime Serna   enero 30, 2018 at 2:03 am

    Muy bien. Buena crónica. O psicóloga o periodista?…..gran retrato hablado de lo que es Armero después de la devastación de aquel deshielo del nevado.

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