Cuando “El papi” dejó de cuidar “fronteras” en el oriente de Cali

Crónica que muestra cómo se pueden cambiar historias de vida en sectores marcados por las "fronteras invisibles".

Foto Alcaldía de Cali
Foto Alcaldía de Cali

Por William López
Alcaldía de Cali
Dos tiros de pistola dejaron en silla de ruedas al capo de capos de la pandilla Los Intocables, del barrio Antonio Nariño. Fue durante una pelea por territorio con Los Indios de El Retiro, barrio al que llegó con su gente para amedrentar a sus rivales y decirles que quien cruzara la frontera sin su permiso, se exponía a lo peor.

Los Indios no le comieron de ninguna. Se formó la gresca. Y en medio de la gazapera se oyó el tas tas que dejó a ‘El papi’, Mauricio Obando, tendido en el suelo. La policía lo llevó al Hospital Carlos Carmona y allí le salvaron la vida.

Con ese susto, ‘El papi’ recapacitó: “Yo a mis 26 años, con seis hijos y jodiendo por ahí… no aguanta”, se dijo. 

De eso ya hace 12 años. En la actualidad, Mauricio Obando (sin ‘El papi’) salva de las pandillas a niños y jóvenes de la comuna 16. Él es el enlace entre la pandilla de ‘Los sin cinco’ -compuesta por 30 miembros- y la pandilla de ‘La Granja’ – compuesta por 28 miembros-, las cuales entraron al proceso de resocialización de la Alcaldía de Cali, la Policía Metropolitana de Cali y el Instituto Cisalva, de la Universidad del Valle.

De los 58 jóvenes que están en el proceso, 38 tienen empleo como promotores ambientales del Dagma; gestores de Cultura Ciudadana de la Alcaldía y operarios de Suprema, en la Industria de Licores del Valle; 12 están estudiando su bachillerato y ocho, se capacitan en el Sena.

Hay un caso especial. El de ‘Mirringo’, un menor de edad -15 años- que se la rebuscaba a las malas para llevar el sustento de su madre y una hermana que no había podido encontrar trabajo. No estudiaba. Para incentivarlo y ayudarle a superar la crisis, la Administración Armitage incluyó en su oferta de empleo a la madre (en Brillaseo) y a la hermana (en el Dagma) con el propósito de que él siguiera estudiando. Hoy, los tres están felices y con la meta de salir adelante.

Ahora todos son jóvenes sin fronteras, que dejaron atrás el vicio, las venganzas, las barreras invisibles, los celos barriales, el microtráfico, el robo, el sicariato y otras actividades ilícitas, para apostarle al trabajo y al estudio. 

Le agradecen a la Alcaldía, a la Policía y a Cisalva el esfuerzo que hacen por ellos a través del cuadrante social de gestores de paz en las comunas, pues desde septiembre del año pasado las sicólogas Mary Romero y Daysi Pinto, junto a Mauricio Obando y Juan Carlos Delgado, les vienen reforzando la ayuda sicosocial, cultura y de  emprendimiento.

Para el Comandante de la Estación de Mariano Ramos, Capitán de la Policía Jaime Holguín, este proceso ha sido un acierto, pues de las 13 pandillas que hay en el sector ya estas dos superaron la crisis. Hay otras dos que están iniciando los acercamientos y muchas se están interesando en los programas de integración y resocialización, talleres de capacitación y actividades lúdicas y deportivas. El compromiso del alcalde Armitage, le dará continuidad al proceso y traerá empleo, educación y mejor calidad de vida a las comunas vulnerables de Cali.

“Yo no me quedé atrás, dice Pelusa (19 años), Dios y la vida me dieron una oportunidad y no la voy a desperdiciar. Me salvé de una larga condena -dice- porque caí en la cárcel cuando me pillaron dándole plomo a un comerciante que atraqué en el barrio Manuela Beltrán. La justicia me la perdonó. Y le juré a mi madre que esa sería la última calaverada. Ahora trabajo en Suprema y asisto a las capacitaciones del programa en la comuna 16”. 

Gracias Armitage… bien parce… chao figura… le dice Pelusa al alcalde de los caleños mientras eleva al cielo su pulgar derecho. 

Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.