El buen ambiente a la hora del almuerzo en Buga

En un recorrido por Buga, durante el puente festivo, visitamos "El Palacio de los jugos", un restaurante que sin grandes pretensiones funciona en un ambiente único, con gente amable y un libro de visitas que atestigua las buenas cosas que pasan allí.

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Foto Jorge Manrique Grisales-CBN

Jorge Manrique Grisales-CBN. Cuando Buga era el centro de poder en el Valle del Cauca, todas las cosas que se hacían allí tenían trascendencia. Lo mejor pasaba por allí, pues había gente que pagaba por muebles finos, pianos de cola y arte de todas partes del mundo. Esa sensación se respira en una casa situada justo al frente de la puerta por donde salen los peregrinos que suben al Camarín de la Basílica a visitar al Señor de Los Milagros. Allí el aire de grandeza quedó atrapado en un largo vestíbulo, amplios corredores, un patio interior rodeado de plantas y habitaciones amplias con techos altos.

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Foto Jorge Manrique Grisales-CBN

Un aviso en la puerta anuncia que allí funciona un restaurante bautizado con el refrescante nombre de El Palacio de los jugos. Adentro, los clientes son recibidos por la amplia y cálida sonrisa de doña Blanca Cecilia Muñoz, natural de Sevilla, pero quien vive en Buga desde hace muchos años.

El menú no es nada complicado: almuerzo corriente con buena sazón y sabor casero y algunos platos típicos del Valle del Cauca como tamales, champús y lulada.

El cliente elige el ambiente en el que prefiere comer. Puede escoger el fresco patio interior, alguno de los corredores o al fondo dos amplios espacios con mesas y asientos antiguos, que recuerdan la grandeza de la ciudad señora. También hay poltronas y revistas para leer mientras llega la comida

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Foto Jorge Manrique Grisales-CBN

La dueña del restaurante decidió hace unas semanas habitar la casa, pues antes la tenía destinada al negocio de las comidas. Hoy vive allí con su familia y está al frente de todo lo que pasa en la amplia cocina. “En semana recibo la clientela del Palacio de Justicia y durante los festivos y puentes a los peregrinos que quieren refrescarse y comer algo”, explica.

No hay nada extraordinario. Lo bueno de El Palacio de los jugos está en la atención de su dueña y sus empleadas, los ambientes en donde se pueden degustar los platos y también el precio. Así lo atestigua el libro de visitas.

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