Rommy Muñoz, una guerrera del trópico que se enfrenta al hielo

Con 22 años, Rommy Muñoz ha decidido dar el importante salto al patinaje de velocidad sobre hielo. Un nuevo reto en la vida de esta chica aunque nació en New York, vive en Cali, Colombia, desde que tenía tres años y medio y defiende con orgullo los colores de nuestro país.

Por Katherine Martínez Rivera. Con 22 años, Rommy Muñoz ha decidido dar el importante salto al patinaje de velocidad sobre hielo. Un nuevo reto en la vida de esta chica aunque nació en New York, vive en Cali, Colombia, desde que tenía tres años y medio y defiende con orgullo los colores de nuestro país.

Rommy Muñoz, pasó del patinaje sobre ruedas a la velocidad en el hielo./ Foto Jerry Search
Rommy Muñoz, pasó del patinaje sobre ruedas a la velocidad en el hielo./ Foto Jerry Search

Más de 18 años en el patinaje de carreras, han colocado a Rommy como una de las patinadoras más importantes para el Valle del Cauca y para Colombia. Entre sus logros están el haber sido campeona mundial en Haining, China en el 2009 en la prueba de 20.000 metros Eliminación Ruta; tiene tres subcampeonatos mundiales, una medalla de bronce en los 42 kilómetros de la maratón en la categoría Mayores, conseguida en Guarne, Antioquia; ha participado en la Copa Mundo de Maratones en Alemania, Suiza y Francia en los años 2008 y 2009; y más recientemente, obtuvo dos medallas de plata y dos de bronce en los pasados Juegos Mundiales de Cali en el 2013.

Desde el mes de mayo de este año se radicó en Salt Lake City, Utah, en los Estados Unidos, con el fin de comenzar el tránsito al patinaje de velocidad sobre hielo y al mismo tiempo está estudiando, pues quiere llevar el deporte y su formación profesional de la mano. Rommy se toma este momento de su vida con calma. “No tengo afán, estoy respirando mis jornadas con amor y paciencia, por ahora más enfocada en las bases y en la técnica que en el rendimiento como tal, no estoy programada ni presionada, por lo que mis días son mucho más fluidos y tranquilos”.

Para ella este sueño es un proyecto a mediano plazo que pone en las manos de Dios. “Es una posibilidad llegar a un nivel competitivo y élite, por ahora me estoy dando la oportunidad de probar y ponerle mucho empeño, pero sólo el cielo, el tiempo y la vida misma determinaran que viene para mí”.

Por ahora, Rommy se encuentra enfocada en el hielo, y aunque a su lado mantiene unos patines de ruedas, no quiere mezclar procesos y tiene su mente y su corazón en la construcción de este nuevo sueño.

El 2013 y los Juegos Mundiales de Cali significaron el regreso de esta patinadora que se había encontrado dos años alejada de las pistas a causa de una lesión. Sin embargo, como toda una guerrera, afirma que aunque este tiempo fue muy duro y chocante, también la enriqueció. “Soy de la profunda creencia que cada mínima situación o circunstancia que se nos cruza viene con un hondo sentido, por más que en el instante mismo resulte complejo descubrirlo. A mí me llevó un largo rato comprender el para qué de esa prueba de vida, ahora la agradezco cada día”.

Este nuevo reto que emprende implica dos cosas muy importantes: el vivir en una nueva ciudad y el hecho de estar alejada de su familia, un pilar sumamente importante en su vida. Sobre lo primero Rommy afirma que ha sido un desafío enorme, una experiencia de vida que la ha llevado a explorarse, a conocerse y a trazarse nuevas metas y desafíos personales, pues implica “acoplarse a una cultura diferente, vivir sola y empezar a sentir lo que es la verdadera autonomía. Es un proceso que lleva tiempo, pero con madurez y responsabilidad va adoptando forma poco a poco”.

Sin duda lo más duro es estar lejos de su hogar, una familia a la que ella describe como “sumamente unida y cálida” y la que le reconoce su soporte y acompañamiento como la base de su felicidad y el éxito en su vida. Sin embargo, también afirma que “el tenerlos y contar con ellos, a pesar de la distancia, es una bendición”.

El sueño de Rommy apenas está comenzando, pero seguramente grandes cosas le esperan delante en su camino. Su familia, su fe en Dios, su constancia y amor por lo que hace, sin duda la llevarán lejos. Y aunque ya se comience a notar su ausencia en el patinaje de carreras, Cali estarán muy orgullosa de cada uno de sus logros.

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